• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

Al instante

Las tinieblas bolivarianas

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Cuando no tengamos información, habremos regresado a las tinieblas. Se abrirán las fauces de la ignorancia y surgirán los demonios del terror.

La patria, sin información, se convertirá en un limbo donde la opinión dejó de existir porque el mundo que nos rodea habrá dejado de pertenecernos y estaremos en la antesala de las puertas del infierno, volviendo a caer en la edad de las tinieblas.

No informar es no denunciar el atropello. Sin información la corrupción se fortalece, porque se obstruye la investigación. Cuando no hay información se evita proponer soluciones a los grandes problemas de la sociedad. Los vicios, los crímenes, los pecados capitales que destruyen la nación, sin la información logran la impunidad que los han convertido en invencibles.

La falta de información es, de Perogrullo, el camino de la desinformación. Conocimiento e información es el camino que transita la carreta a la que el régimen, cada día, le atraviesa palos a sus ruedas. La prensa escrita lleva una tranca en la importación de papel periódico, la que administra a escala nacional la organización Maneiro. No solo se trata de un monopolio para la distribución y la venta del papel para imprimir los diarios, las revistas y los libros, sino que no cumplen con su distribución como han denunciado El Impulso, el Correo del Caroní, La Nación del Táchira y muchos medios impresos establecidos en el territorio nacional.

En los medios radiofónicos, la espada de Damocles tiene el nombre de concesión, la que abre el surco de la autocensura e impide que le llegue al pueblo la verdad de la opinión, la denuncia y la información.

Los ciudadanos desinformados se convierten en eunucos sociales, pasto del autócrata y rebaño de zombis, esclavos irracionales.

Nuestro Libertador, el hombre que consagró su vida a desobedecer al tirano, dijo en 1819: “...El derecho de expresar sus pensamientos y opiniones de palabra, por escrito, o de cualquier otro modo, es el primero y más inestimable don de la naturaleza. Ni aun la ley misma podrá jamás prohibirlo, y solo podrá señalarle justos términos, haciendo responsable de sus escritos y palabras y aplicando penas proporcionales a los que lo ejercieren licenciosamente en perjuicio de la tranquilidad pública, de la vida, honor, estimación y propiedad de cualquier ciudadano”.