• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Leopoldo López Gil

La revolución y sus pagapeos

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Cuando no se es capaz de reconocer los errores propios y se culpa a un ajeno de esos errores, se recurre al falso testimonio. Digamos, acusar a otros del fracaso personal.

Lamentablemente, ese ha sido y es el estilo muy propio de nuestros gobernantes desde los días de la Colonia. No es casualidad que fue entonces cuando surgió la figura del “pagapeo” entre los pobladores de aquella Caracas.

No se trata de una palabra vulgar y mucho menos ofensiva. Es una palabreja que arrastramos desde los tiempos de la Colonia como burladero contra las embestidas de propias faltas.

En aquellos tiempos, emperifolladas damas mantuanas, cuando iban a misa de once, se hacían acompañar por su esclava, que tenía la tarea de cargar la alfombra usada para amortiguar las bisagras de su ama en las múltiples arrodilladas que, según el rito de la celebración, obligábanse cumplir. No había bancos en la iglesia, por lo que de tanto pararse y arrodillarse, reclinarse y persignarse, surgían inesperadas, olorosas y sonoras manifestaciones flatulentas que inmediatamente delataban a la encopetada dama junto a su perfumado alivio; esta, para escurrir su culpa, señalaba con visible castigo corporal, de cogotazos o templones de orejas, a la inocente sirvienta, quien humildemente era achacada de tan inapropiada situación.

La inventiva criolla de los tiempos de la Colonia hace de aquel personaje, el “pagapeo”, una perfecta metáfora desgraciadamente representativa del lamentablemente hoy tan frecuente recurso de nuestros poco imaginativos jerarcas gobernantes.

Todos esos voceros, cual ventrílocuo del mensaje revolucionario, se remontan hasta más allá del siglo pasado para mantener las costumbres mantuanas y buscar su pagapeo del momento. Es decir, alguien que corra con las culpas de sus fracasos, incapacidad, ignorancia, corrupción, para achacarle responsabilidad en nuestros lamentables y recurrentes problemas insolubles. El magnicidio, el imperio, la guarimba, el galopante dólar, la cuarta república, los fascistas, la oligarquía… se anuncian como causantes de las calamidades de forma estruendosa. Una revolución que ruidosa y fétida ha querido convertir a sus opositores en el pagapeo consuetudinario en sus incoherentes discursos públicos e interminables cadenas comunicacionales. Pero, tal como en la Colonia, a pesar de los golpes lanzados por el amo poderoso, bien sabemos dónde se origina la flatulencia, pues su olor y sonora aparición siempre delata.