• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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La rebelión creadora

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Rebelión es una palabra alarmante para quien oprime. Es el antónimo de opresión; y ha sido la rebelión, como señala André Breton, “creadora de luz, y esa luz no puede tomar más que tres caminos: la poesía, la libertad y el amor”.

Sairam Rivas tomó la senda propuesta por Breton el pasado 8 de mayo. En un acto de rebelión, pacífica y constitucional, participó en un campamento en la plaza Alfredo Sadel en Caracas. De madrugada un contingente de guardias nacionales la detuvo y, con ella, a otros estudiantes. Sairam permaneció, privada de libertad, durante 132 días en los ergástulos del régimen.

¿Qué crimen cometió Sairam, para que le opriman como lo han hecho? Ella es la presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela de Trabajo Social de la UCV. El centro de estudiantes que, por años, fue bastión del chavismo. Los chavistas derrotados pacíficamente en elecciones por Sairam no lo pueden tolerar. Como el régimen no soporta las derrotas electorales en las gobernaciones de los estados y las alcaldías municipales, y por ello crean autoridades paralelas, como en Caracas y el régimen comunal filial del proyecto marxista leninista de Cuba. Sairam combatió los grupos violentos y terroristas que operan en la Ciudad Universitaria, malandros armados, amparados por las autoridades del régimen militar.

Sin embargo, hay una segunda razón para detener a Sairam Rivas: el hecho de que ella pertenece al Movimiento Bandera Roja. Por ello no la pueden acusar de oligarca, de pertenecer a la ultraderecha criolla, o de defender los intereses del gran capital. No se pueden descalificar sus ideas o sus inquietudes sociales; no se le puede estigmatizar con la muy manida y absurda acusación de que recibe dinero del imperio o está al servicio de la CIA.

Ser genuinamente de izquierda y no apoyar a este gobierno es un crimen muy grave. ¡Eso, no se puede consentir! Lo que ignoran Nicolás Maduro y Miguel Rodríguez Torres es que, como dijo Mario Briceño Iragorry: “A los estudiantes, a los jóvenes en Venezuela, los pueden torturar, los pueden matar, pueden esconderlos en sus ergástulos y hasta desaparecerlos, pero sus ideas seguirán firmes y crecerán, porque ellos son como el espíritu: universales”. Briceño Iragorry arengó en 1958 a la juventud de Venezuela alrededor de la frase de André Breton: “La rebeldía creadora es como un tónico para la cura de la república enferma… La rebelión y solo la rebelión es creadora de luz, y esa luz no puede tomar más que tres caminos: la poesía, la libertad y el amor”. Contra las tinieblas de la tiranía, don Mario propuso “la rebelión creadora”.

La respuesta de aquella juventud que se alzó contra de la opresión militar y la persecución policial fue activa, heroica, como lo relata el propio Briceño cuando escribe: “Dejasteis las aulas para tomar la calle en brava función de ciudadanía. A muchos ha asustado la circunstancia de que los jóvenes desatendéis la lección del pausado profesor para formar grupos cívicos destinados –como en la hora de grandes epidemias– a defender la salud del pueblo”.

Una rebelión es, en la mayoría de los casos, una manifestación de rechazo a la autoridad. Esto puede variar desde la desobediencia civil hasta un intento organizado para sustituir la autoridad opresora establecida. Ello, para proteger sus derechos y los nuestros.