• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

Al instante

Muy querido y admirado hijo

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El celebrar el Día del Padre me ha hecho pensar mucho en ti, también en mi padre a quien mucho quise y admiré. Cuando escribía esta carta sentí que estaba hablando con él, que él se dirigía a ti. No me extrañó oír su voz hablándome de la lucha de su familia por una mejor Venezuela.

Le oí relatar los horrores de las cárceles gomeras, las penurias de la abuela, de sus hermanos, los escapes de los esbirros y la soledad del exilio. Lloré al recordar cuanta lucha significó y cuan fútil parecen hoy a quienes no tienen en su alma un sueño idealista.

Hoy la patria pareciera haber retrocedido al abrazar con fuerza la barbarie venezolana que tan bien describió Rómulo Gallegos. Solo que peor, pues aquella era auténtica y la de ahora es extraña por ser importada.

La codicia, el apetito voraz por el poder y el dinero han hecho de nuestro pobre país un charco tan oscuro que el petróleo luce cristalino por comparación.

Esta tierra siempre ha tenido la suerte de generar hombres de valor y principios, hombres que desde nuestras gestas emancipadoras acometieron sus tareas con compromiso y desinterés, como lo exige el verdadero amor a la patria.

Tú eres uno de esos hombres, siempre presto a la construcción de sueños, atreviéndote a convertir las ideas en realidades.

Haces eso con tal dedicación que muchos siguen tu ejemplo y tu llamado.

Enfrentas las adversidades con tal valentía que muchas veces te toman por Quijote. No, no eres ningún Quijote, eres un Alonso Quijano.

Por ser tú un hombre con los pies en la tierra te pido hoy como tu padre un regalo, te pido que depongas esa muy ejemplar demostración de entrega como es la huelga de hambre y regreses a la normalidad biológica en la injusta y absurda condición de prisionero del régimen tiránico.

Tú eres padre como yo, Venezuela pudiera verte como tal también. Nuestros preceptos religiosos te obligan a quererte y cuidarte a ti mismo como lo harías con tu hermano prójimo.

Tu sacrificio dio suficientes frutos, otro centenar de jóvenes se manifestaron en similar sacrificio. El mundo volteó la mirada a Venezuela y se conmovió con nuestra realidad. Basta ya de ese sacrificio, pues hoy ya peligra tu salud y sería irresponsable no voltear la mirada a tu propia condición.

Díjole Sancho Panza a don Alonso cuando le despedía: “No se muera, tome mi consejo y viva muchos años; porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más...” A esto vamos a agregarle que a diferencia del Quijote tú no enfrentas molinos imaginarios, por lo contrario, el enemigo, nuestros enemigos son reales y duros y requerirás de mucha fuerza para enfrentarles con éxito.

Mi consejo, que aspiro a tomes como un pedimento de padre y abuelo, es una rotunda y humilde súplica por tu salud.

Por razones harto conocidas no estoy al lado tuyo, ni estaré en esa celebración, pero una vez más te digo cuanto te quiero y admiro. Te respaldaré siempre, cualquiera que sea el sendero por ti escogido. Te recuerdo tu compromiso con tu familia y el país, tienes que tener fuerza y fe.

Te bendice, tu padre.