• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

Al instante

Si lo queremos... tendremos futuro

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In memoriam Gumersindo Rodríguez

 

El Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia, define el futuro como “lo que está por venir”. Nada más claro para nuestra atribulada nación, tenemos un claro y definido futuro. Uno acorde con el enorme potencial dispuesto por las fuerzas de la naturaleza, hoy malbaratado por sátrapas rojos con criterio cuartelero valorando el patrimonio nacional como botín de guerra. Ya casi no hay cabida para el asombro cuando salen a la luz pública los negociones de contratos internacionales, depósitos en burladeros financieros, el padrinazgo al despreciable tráfico de drogas, el consumo abierto de los más costosos lujos. Todo ello posible solo por el otrora altísimo precio del petróleo. Pero, como dice la canción, “todo se derrumbó”.

Consciente de que no se puede recuperar el tiempo pasado, ni las oportunidades despilfarradas, hago memoria para creer, sin duda alguna, que el país sí tiene futuro, eso solo si nosotros lo queremos. Simón Bolívar, joven que apenas comenzaba su lucha por los ideales libertarios, invitó a enfrentar la naturaleza, así exigía a los seguidores de su causa. Hoy, que la única naturaleza a enfrentar es la maligna idiosincrasia de los gerifaltes de la cúpula corrupta. Hoy solo debemos cumplir con el deber del voto, y, más importante aún, vigilar que se cumpla la voluntad del electorado.

Celar nuestros votos, pues lamentablemente el árbitro no goza de prestigio imparcial, sus ayudantes uniformados son actores interesados y para colmo la comparsita de Unasur tiene más huecos que un queso suizo.

Retomando el rumbo se puede hablar de futuro, sobre todo del futuro para generaciones venideras. Lo hicimos antes, lo podemos hacer de nuevo y mejor.

Casi medio siglo ha pasado desde aquel súbito aumento de los precios del petróleo que creó un excedente fiscal. Comenzaba el primer gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez, quien rodeado de hombres le dio uso inmediato para aprovechar la oportunidad. Uno de ellos, con una extraordinaria mente, fue capaz de imaginarse un gran futuro para el país y sobre todo para su juventud, el doctor Gumersindo Rodríguez.

El doctor Rodríguez sabía bien que el dinero mejor invertido era el colocado en el desarrollo de la educación de nuestros más prometedores jóvenes. Lo sabía por su propia experiencia, fue un líder en su juventud, sufrió la persecución y la cárcel de la dictadura. Aprovechó la compañía de otros grandes en las celdas para aprender, no fue rencoroso, culminó sus estudios en la respetada escuela de economía de Londres.

De su escritorio salieron los planes para nacionalizar el hierro, el petróleo, el acero y el aluminio. Pero lo más importante fue la creación de programas de becas, créditos educativos y subsidios que permitieron que Venezuela tuviese uno de los mayores índices per cápita de doctores, másteres y científicos, además del Sistema de Orquestas Juveniles.

Tenemos futuro, tenemos la capacidad y la riqueza para pasar de un país de emigrantes a un gran país de inmigrantes. El futuro nos espera.