• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Leopoldo López Gil

La protesta inoculada

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Al recibir las organizaciones internacionales encargadas de vigilar las violaciones a los derechos humanos por los gobiernos las pruebas fehacientes e irrefutables de las torturas que sufren presos de conciencia, estudiantes inconformes y ciudadanos indignados encarcelados en los penales de Venezuela, el régimen se sacó de la manga un fulano Comité de Defensa de Víctimas de la Guarimba. ¿Con qué se come este comité?

Agregando a esta rimbombante creación la ya trillada frase del “golpe continuado” vemos que se trata de la vieja receta con la que el fascismo vilmente sembró el árbol del odio entre hermanos.

Los medios oficiales señalaron que “fue instalado por los familiares de los que fallecieron o resultaron heridos por los hechos violentos ocurridos en el país desde el pasado 12 de febrero”; entonces, si se ha comprobado con pruebas contundentes aportadas por organismos de investigación del propio Estado, que no hubo incendio en la Fiscalía, que fueron militantes de colectivos, miembros de organismos policiales y soldados, todos identificados, los asesinos de las víctimas, ¿para qué entonces el despropósito de esta iniciativa?

Nuevamente solo confirma la razón del hedor de la permanente corrupción de la palabra oficial, fiel a la mentira. Nuestro incapaz régimen, al crear este comité copia al calco el estilo y conducta del gobierno cubano, que con bandas de agresión a disidentes y contrarios al “proceso revolucionario” duermen las protestas populares.

Los medios gubernamentales informaron así sobre el comité: “La instancia tiene como objetivo dar a conocer al país y ante el mundo que hay culpables, que hay autores intelectuales, autores materiales que andan en la calle mientras nosotros llevamos nuestro dolor, nuestra pena”. Más adelante aclara el comunicado el verdadero propósito de instalación del comité: “Nuestra intención es que a nivel internacional se sepa quiénes son las verdaderas víctimas”.

El régimen, derrotado contundentemente a nivel internacional, con pérdida de credibilidad y fiabilidad, sufre reveses como ha ocurrido con las declaraciones de Pepe Mujica, o en la ONU y la Comunidad Europea; así se obliga al tirano a fabricar este espejismo sin pruebas verdaderas que aportar para intentar remediar su entuerto.

Detrás de todo esto está, malintencionadamente, la práctica de sus maestros cubanos; recurrir a rufianes y malhechores pagados, sicarios de la política en gavilla y atacar a quien proteste por inconformidad con el régimen.

Al ver esta nueva aberración instalarse, presenciamos la construcción de la senda solo para protestas anárquicas, clandestinas y lamentablemente inconsecuentes; ciertamente protestas inocuas.