• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Ni palabras necias ni oídos sordos

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La experta filóloga cuyo testimonio la Fiscalía General de la República pretendió utilizar para ratificar a Leopoldo como provocador y determinador de asesinatos, y otros cargos, concluyó su análisis del discurso manifestando la inocencia del preso de conciencia secuestrado y torturado en Ramo Verde por el régimen abyecto.

Contrasta lo dicho en el programa Zurda Conducta por el advenedizo Roy Chaderton, frases que sí deben considerarse instigación veraz a balear a quien disienta del régimen. Es definitivamente un discurso polarizante con una pesadísima carga de odio. Chaderton, cual feroz nazi, o furibundo fascista, y lastimosa pretensión de intelectual, imitó a los promotores de genocidios que aspiraron a la deshumanización de sus semejantes.

Por palabras como las de Chaderton fanáticos imbéciles asesinan a inocentes, pues sienten justificados sus crímenes.

Los nazis pretendieron aniquilar a los judíos, los soviéticos a quienes pensaran diferente a Stalin, el Ku Klux Klan a los negros, y ahora ISIS a cristianos. Nadie, con este tipo de odio denigrante hacia otro ser, tiene derecho de representarnos en teatros diplomáticos o políticos. Su remoción sería lo único dignificante para su país.

Chaderton expresó sin pruritos: “Cuando un proyectil impacta en la cabeza de un escuálido pasa rápido y suena hueco”, suscitando desprecio por la vida de los jóvenes que protestan por el irrespeto a sus derechos. Cuando el régimen tiránico apoya y realza las actuaciones de su lastimoso embajador, evidencia la hipocresía de su pretendida democracia.

Hoy este régimen de doble moral permite, sin protesta, que la República Cooperativa de Guyana realice exploraciones petroleras en áreas marinas proyectadas por nuestra plataforma continental, es decir, nuestra demarcación, y falta así con su deber constitucional de proteger los intereses de la nación y la integridad de su territorio; su auténtica soberanía.

Hacen falta buenos embajadores, más que seudopoetas cuyas inspiraciones no levantan más que indignación y lástima.

La representación diplomática no debería ser ni recompensa a los serviles ni refugio para los que requieran del fuero para su inmunidad. Los problemas que enfrenta la nación en un mundo tan complejo como el de hoy no se resuelven con el descarado regalo de nuestro patrimonio, ni con amenazas vacías. La patria reclama respeto a sus verdaderos talentos en lugar de galardones a falsas ideologías o indecentes arengas.