• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

Al instante

No hay novedad, señora baronesa

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Allá por los años cincuenta la orquesta Gran Casino, en su versión de Lina Francis, llevó a la cima del bill board hispano-americano el tema “No hay novedad, señora baronesa”. Fue la versión de la canción francesa “Tout va trés bien Mme. la Marquise”, que los fascistas de la División Azul glosaron en múltiples letras con el tema militar de “Sin novedad”. La letra es el relato de una conversación telefónica entre la baronesa y su mayordomo, quien le da parte de un rayo que provoca un devastador incendio que devoró su “chateau”, y termina diciendo: ¡No hay novedad, señora baronesa! El argumento es el de una desesperada marquesa, en su original francés, que llamando a sus diferentes sirvientes cada uno le comunica una desgracia mayor que la anterior. En la versión francesa, en una de las estrofas, el mayordomo del palacio informa a la marquesa que “el señor marqués se ha suicidado, por lo demás, no hay novedad. Todo está muy bien”. 

Los seres humanos propensos a evitar las voces agoreras nos sentimos más tranquilos ignorando noticias y situaciones que nos trastornen. Los venezolanos, no somos la excepción.

A dos años de aquel grito de angustia que denunció la realidad del incompetente manejo del gobierno, del desbordado clientelismo, la corrupción generalizada, la impunidad y de la traición a la democracia, años que nos han costado muertes, cárceles, torturas, juicios amañados y violación de los derechos humanos.

El lenguaje político, según George Orwell, “está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdades y el asesinato parezca respetable, y para dar apariencia de solidez a lo que es puro viento”.

El país ha sido víctima del engaño continuo, vivimos en una maraña desinformada y no sabemos cuándo la verdad es verdadera. Así ocurre cotidianamente. Cuando se incendió Amuay, no se investigaron las causas sino se inventaron como si de un espectáculo de circo se tratara. Así, cuando bajan los precios del petróleo, el régimen dice al pueblo que no significará ningún sacrificio. En referencia a la inflación se incrimina a un portal y se exculpa el deber del Banco Central.

Son razones criminales con las que el régimen explica por qué se vaciaron los anaqueles. No dice que la revolución asesinó la gallina de los huevos de oro: la producción de la nación. Estamos en una terrible y mortal encrucijada, con o sin las fronteras cerradas, con o sin soberanía sobre nuestro territorio, con o sin elecciones parlamentarias. Ahora no más engaños.

Sí que hay novedades, “señora baronesa”…

Debemos hacer un serio acto de contrición, reunir voluntades en una intención de salvar lo que queda de Venezuela hundida y herida en el mar de violencia. Solo nosotros, los venezolanos, debemos enderezar la ruta, retomar la democracia y la libertad y ofrecer a las generaciones futuras lo que estos años les han negado.