• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

Al instante

La mala leche

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Al bajar del camastrón que Maduro y familia usan para sus viajes intercontinentales, aeronave propiedad de la comunista Cuba, avión que la guasa criolla bautizó como “el Lechero” por sus muchas paradas y saltos entre aeropuertos, se sorprendió y se enojó con la pregunta que le hiciera un gobernador: ¿Trajiste leche, Nicolás?

El viajero evitó referirse al líquido, que falta en los teteros de los Niños de la Patria, ausente en la mesa de todos, pues ¡leche no hay! El peregrino no se refirió a la desaparecida leche y respondió disgustado, como si la demanda fuese impertinente, con soez mal gusto.

En la jerga venezolana la palabra “leche” puede significar muchas cosas. Es posible que el presidente haya querido decir que no traía, sino que tenía leche. Que tuvo “suerte” al no sufrir percance alguno luego de aterrizar, despegar y además al volver a aterrizar en Moscú y lograr juntarse con su camarada Putin, con quien cerró una compra de petróleo a buen precio y acto seguido, Nicolás pidió la colaboración del hombre del Kremlin para subir los precios del oro negro en los mercados internacionales.

Confundido con la densa explicación sobre la economía del antes próspero país que fuera promotor de la OPEP, se dijo a sí mismo el ruso: “Este señor seguramente fue criado con leche ajena”.

El presidente viajero pudo haber interpretado que la pregunta del gobernador venía con mala leche, pues pensaría que sabiendo que él no era vaca, lo estaba llamando lechero, es decir lo consideraba tacaño, o pichirre, ya que no suministra recursos suficientes a su estado.

Ciertamente tantas interpretaciones desconcertaron la verdadera intención comunicacional, por lo que buscamos ayuda en el diccionario del español de Venezuela, obra de Francisco Javier Pérez. Don Francisco con suficiente claridad nos explica que la leche en Venezuela puede ser de árbol, de vaca, de mujer y hasta de palo. Puede ser buena o mala, abundar o escasear, líquida, en polvo o regenerada. Siempre un regalo de la naturaleza.

Nos quedó claro, sin embargo, que Dios no nos mandó leche, como lo hubiese pedido Juan Luis Guerra. No llovió leche en el campo, ni mucha ni poca. ¡No hay!

No podemos disfrutar de una buena leche de burra, pues en un país sin leche, donde no hay huevos (de gallina), ni azúcar y el ron es inalcanzable, tenemos la mala leche de vivir en terrible sequía.

Esperemos una inmensa cantidad de buena leche para encontrar lo que necesitemos en cada compra en el mercado. Para los recién nacidos, sin leche no hay futuro.

Sin futuro no hay Patria.