• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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El esplendor de las tinieblas

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Lorent Saleh, Gabriel Valles y Gerardo Carrero fueron entregados por un país hermano a las autoridades venezolanas hace dos años. Un despojo de la libertad arbitrario, sin debido proceso o juicio, estos jóvenes idealistas han sido encerrados en terribles catacumbas que, por su lobreguez, se les conocen como La Tumba.

En su oportunidad conocimos al detalle la triste realidad de estos compatriotas, en las exposiciones del caso que realizara la madre de Lorent ante los europarlamentarios en Bruselas.

Pasaron más de sesenta días sin ver luz del sol, en celdas hechas con el solo propósito de quebrar la voluntad de los valientes que gozan de todas las características de sofisticados métodos de tortura. Como dijo esta valiente madre, en medio de sus muy sentidas palabras: “Esas celdas no son muchas, pero son solo para machos”.

Aquel diálogo, aquella información nos hizo pensar si es posible tener la vía para descubrirle al mundo esta cara de nuestra barbarie. ¿Hemos hecho lo suficiente o nos hemos acostumbrado ya a tanto horror en represión que no somos capaces de revolvernos hasta vomitar cuando conocemos que otros compatriotas amparados por el régimen llevan a cabo esta repugnante labor?

Me vino a la mente las historias de mis abuelos y tíos, pensé cuan libre se había sentido esa generación al demoler la tétrica cárcel de La Rotunda, y cuán aliviados cuando lanzaron los grillos “amansa machos” en la rada de Puerto Cabello, o cuando mis primos ayudaron al derrumbe de la temida Seguridad Nacional de la Plaza Morelos.

¿Estaremos luchando con suficiente entusiasmo y convicción contra nuestro Leviatán para que no quede ni un solo joven en injusta prisión y menos sin el amparo de nuestra propia ley? Me pregunto y temo a la respuesta.

Alguna vez escribió William Faulkner: “Hay una victoria mas allá de la derrota de la que el vencedor no sabe nada”. Una frontera, una orilla que sirve de refugio mas allá de las batallas perdidas...

Conmovido como quedé por el relato de la madre que a pesar del profundísimo e intenso dolor que lleva y transmite a preguntarme con voz suave y dulce pero llena de angustia ¿qué puedo hacer, qué podemos hacer para liberar a nuestros hijos?, confieso que me sentí como cuando recibí la noticia del fallecimiento de mi padre...vacío, sin respuesta.

Pero reaccioné y sentí como que de pronto se iluminara con gran intensidad esa tenebrosa cárcel. Allí esta el símbolo de nuestra lucha allí la meta de la libertad. Basta de engaños y, como las generaciones anteriores, librémonos con una entrega a la lucha por la justicia de los grillos gomeros que aún están fuera del mar.