• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

Al instante

Los adversarios no son enemigos

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El régimen ha convertido nuestra nación en un campo de batalla virtual a espaldas de los principios de la república. El lenguaje cuartelero impuesto en la vida cotidiana así la ha transformado. Ha sido la exaltación, con estrechez en el uso del idioma, de un lenguaje reducido escuetamente a frases castrenses, órdenes irracionales, que han convertido a los ciudadanos en obedientes a lo Pavlov. No hay oportunidad de replicar, mucho menos de enmendar, aun teniendo conciencia de que la orden es un error, una mentira o esconde el absurdo.

En la administración pública se habla otra lengua. En los despachos del régimen existe un idioma “orwelliano” (George Orwell), sin que muchos comprendan lo que acatan. Este lenguaje sustituye palabras e imposibilita su entendimiento, así se metabolizan proyectos de desarrollo o el presupuesto de la nación.

Entre los inventos idiomáticos encontramos la palabra “misión”. Cápsula mágica que expone cual píldora un mensaje a García. Enunciado mágico, sin constancia de contenido, como tampoco convicción de cómo, cuándo y dónde a alguien se le ocurrió montar algún desaguadero de recursos, ya que la misión se sostiene sobre una evidente carencia de veracidad.

Cuando menos se espera, y hablando en criollo, “se acaba el maní”, no hay capitoste que responda. Nadie es responsable de lo derrochado. Nunca hay responsables por el fiasco.

En el sainete impuesto por el régimen castrense y su verborrea, encontramos que para sus gerifaltes en la política no hay elecciones, solo batallas que ganar y, como dice el inquilino de Miraflores, “a como dé lugar”. Si es posible, aniquilar y pulverizar al enemigo. No hay adversarios para ellos, solo enemigos.

Enemigo que se debe erradicar para extirpar sus ideas. No cabe quien piense diferente, no se debe aceptar a quien proponga distintos caminos a los impuestos en el sendero de doctrinas extranjeras, así estas hayan fracasado.

¿Hasta cuándo recurrirán los fanáticos del militarismo absurdo a palabras como batallón, comando, batalla, enemigo, misión, movilización, aniquilación y toda la deleznable jerga cuartelera para referirse a la contienda electoral?

La democracia es el fruto de la contraposición de ideas, de la selección de los mejores o las mejores propuestas en busca de la felicidad, la paz y la armonía. El recurso de palabras encendidas por el odio solo logra atraer al decepcionado, al resentido, al preso de la desesperanza, que se aferran a las falsas promesas de los jerarcas.

Vergüenza cuando un excelentísimo rector de la universidad militar ordena a estudiantes, docentes y empleados el comportamiento de ciega obediencia en las venideras elecciones. En cualquier otra universidad habría enardecido al estudiantado.

Vivamos el siglo XXI y desertemos de este sainete que pretende convertir a la nación en un cuartel. Caminemos hacia el país que queremos y merecemos. No sembrado gritos salvajes, ni insultos de energúmenos que pretenden dirigir los poderes republicanos. Volvamos a la civilización que produjo el progreso y desarrollo del mundo civilizado.