• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

Al instante

Salimos a la calle

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No hubo violencia en las concentraciones del sábado 30 de mayo en Venezuela. No se registró ningún comportamiento agresivo por parte de los ciudadanos que ejercieron su derecho a la protesta. Los helicópteros no las sobrevolaron. En sus cuarteles se quedó la Guardia Nacional, no vistieron sus equipos de robocop para infundir el miedo; y las policías con sus pertrechos de violencia en acciones represivas contra los derechos ciudadanos, no salieron a golpear.

El pueblo marchó, se reunió, protestó y exigió lo que se había propuesto pedirle al régimen: libertad para los presos políticos, fecha para las elecciones parlamentarias y cese de la represión. La violencia se quedó en su casa, no salió a la calle.

Se demostró, una vez más, que no son los ciudadanos los violentos que manifiestan cuando piden que se cumpla con lo que nos otorgan la Constitución y las leyes de la República.

El documento gráfico de la concentración de Caracas demuestra que la enorme asistencia fue caudal de energía represada en el colectivo opositor. El venezolano necesita expresar pacíficamente su descontento con la ineficiencia, incoherencia, incapacidad, crueldad y corrupción del régimen que conduce a la nación al infierno que se padece hoy en todos sus estratos sociales.

No hubo violencia, porque las concentraciones y las marchas que cubrieron el mapa del país nacional no se hicieron a favor de nadie, sino a favor de todos. Fueron manifestaciones en contra de la situación opresiva y la devastación humana engendrada por el régimen chavista. Quienes creyeron que las multitudes congregadas lo hicieron para rechazar o remplazar a la MUD o ciertos dirigentes de la oposición, se equivocaron.

La amalgama resultante de la convocatoria aglutinó sólidamente un grupo dirigente en una agenda única de acción para el logro de las metas planteadas.

La nación en la calle, en sus consignas, proclamas y discursos no tuvo distinción para la defensa de todos los presos políticos y exigirle al CNE la fijación de fecha para elecciones legislativas.

Otra vez, una más, la intención que acompañó la concentración tuvo un propósito, el mismo que ha tendido durante todos estos largos y dolorosos 16 años de tiranía, el mismo que ha hecho con rabiosa intención patriótica y profunda voluntad civilista y pacífica. Como ha sido siempre. Como nunca lo fue en esas tergiversaciones en las que el régimen ha empañado con vapores de violencia y dolorosas acciones de criminal represión el sagrado derecho constitucional de la protesta y de la manifestación.

La calle fue y será siempre nuestra.