• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Respeto y solo respeto

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Una vida sin respeto poco importa. Respetar el derecho ajeno es ley fundamental de la sociedad civilizada. Ley que aunque no está escrita en los códigos de comportamiento humano está presente en todo momento de nuestras vidas. Es el respeto, sin exagerar, la esencia y fundamento para la convivencia.

Cada día estamos obligados a ofrecer respeto al prójimo, desde el mismo momento en que vemos, escuchamos y conversamos, manifestamos reconocimiento del principio que todos los seres son creados iguales, que somos iguales y merecemos igual trato ante la ley.

Cómo tratamos al prójimo es el límite que colocamos en el trato que aspiramos recibir. Quien  irrespeta no puede aspirar respeto alguno.

Observamos, con angustia, como los gerifaltes del régimen irrespetan llenos de algarabía y entusiasmo cualquier manifestación donde los venezolanos se expresan apoyándose en su Constitución.

En pocas palabras, se pavonean irrespetando los principios fundamentales de la nación. El irrespeto como lenguaje y modo de actuar refleja un total desprecio por el ser humano, reduciéndole a la condición de bestia trashumante obediente al líder del rebaño, aunque la conducción sea por el sendero al precipicio.

Contrasta esta conducta primitiva con los desarrollos tecnológicos del presente. No es casual conocer el pensamiento y deseo de la gran mayoría en solo minutos, la era de las comunicaciones sociales instantáneas así lo permiten, y de paso sin mayores inversiones o esfuerzos, solo con algo de voluntad.

Es paradójico que un gobierno autocalificado de socialista traicione los principios elementales de la democracia y, sobre todo, actúe de espaldas a la voluntad popular. Este socialismo del siglo XXI,  que permite que un país rico no se pueda abastecer de alimentos ni comprar o producir las medicinas para sus enfermos, ésta expresión podrida del socialismo que no deja de pagar a la banca extranjera acreedora con las pocas divisas que declaran tener, antes de aliviar las penurias de su pueblo, es una falta de respeto a  su propia doctrina y razón política de ser.

A pesar de poder oír con claridad lo que piensa y quiere la gran mayoría, nuestro gobierno se hace el sordo y la califica no solo de silente sino de invisible y hasta inexistente, mientras convierte a su minoría en una  bulliciosa muchedumbre que pretende hacer de mayoría.

 

El abanico doctrinario a través de la historia de las religiones les han indicado a los hombres, no debemos hacer al prójimo, lo que no quisiéramos para nosotros. Aquí la frase célebre de Benito Juárez: “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. No parece considerar atrevimiento por parte de los venezolanos pedirle al régimen simplemente respeto, verdadero respeto para nuestro pueblo y su Constitución, que de acuerdo a los principios de John Locke,  indican como ley natural, la prohibición a dañar la vida, la libertad, la salud y bienestar de otros.