• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Resiliencia necesaria

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Resiliencia, en el sentido estrictamente metafórico, sería la exacta condición para la recuperación de la Nación. En Venezuela, hoy perdida para muchos, urge la resiliencia social. Nos referimos a la capacidad de hilos y tejidos de volver a la posición original, tras haber sido sometidos al intenso desgaste. Este efecto, aplicado a la nación sería como regresar, reanudar, volver a empezar el proyecto de desarrollo tras un agónico derrumbe de estructuras.

Resiliencia es restaurar, revivir cuando creímos que todo estaba perdido luego de haber sufrido traumatismos que condujeron al umbral de la muerte. Debe ser la actitud indispensable para la recuperación de Venezuela. Se requiere de ella, sobre todo cuando intentamos calmar la convulsión social.

Hace algunos años se condujo un experimento que consistía en organizar dos grupos de ratones cuyas madres embarazadas fueron separadas. En el grupo “A”, fueron tratadas y estimuladas con caricias durante el embarazo. En el grupo “B” fueron agredidas durante ese periodo.

Se comprobó que los hijos de las madres del grupo “B”, las maltratadas, nacieron con los lóbulos menos desarrollados, particularmente el lóbulo frontal. Pero más tarde con un tratamiento de ternura que cubrió aproximadamente un año, la mayoría de los ratoncitos gozaron de una evolución adecuada.

Hablar de experimentos de interés para el mundo contemporáneo nos da posible respuesta, aparentemente simple y comprobable de la capacidad para enmendar los resultados provocados por la violencia, la agresión y el maltrato.

Los venezolanos estamos afectados, y diría bien maltratados por la violencia y la corrupción. Han afectado no solo la autoestima, sino que ha quedado tatuada en la inseguridad convertida en destino como nación.

La gran víctima del saqueo gubernamental de los gerifaltes traidores a la democracia es nuestro futuro como nación. Nos lo han robado.

La búsqueda de una salida en la resiliencia; emprender el camino de la ruta del crecimiento y del liderazgo que nos pertenece como nación democrática, dueña de libertades, será posible gracias al liderazgo de aquellos ciudadanos que por su valor moral y capacidad intelectual habrán de imponerse como timoneles en éste encrispado océano de la historia.

Hemos de vivir la resiliencia, fortalecerla, retomar el rumbo de la justicia, las leyes y la Constitución y evitar los autogolpes que traperamente se suceden desconociendo el único y el más amplio de los poderes, el de la Asamblea, donde el pueblo tiene su más legítima y única representación.

 

Habrá que resilienciar a la patria, y transitar por los caminos de la Constitución.