• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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La República Bolivariana de Weimar

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La Constitución alemana de 1919 surgió con la muerte del Segundo Reich, consecuencia de la humillante derrota de la guerra y las compensaciones exigidas por los vencedores. Esta carta fue considerada como “la más progresista del mundo”. Creó la República Democrática de Weimar.

Un detalle poco tomado en cuenta pero que marcaría el futuro trágico de esa nación: otorgó poderes especiales al presidente.

La magnanimidad provocó la debacle en la Weimar por el exceso de autoridad del presidente; igual que ahora ocurre en Venezuela con la Habilitante que dejó al pueblo sin representación ni poder de decisión. El detalle de habilitar al presidente para darle excesivas potestades provocó corrupción desmesurada, camuflada con señuelos de seguridad social y bienestar público. Fracturó al país con el sismo de la depravación.

En la Alemania de 1917 se cambiaban 4 marcos por dólar, en diciembre del 18 ya se pagaba el doble, en el 19 valía 47 marcos, para 1922 un dólar costaba más de 7.000 marcos y para 1923 la descomunal cifra de 4.200.000.000.000 marcos. El dinero alemán había muerto, consecuencia del irresponsable manejo fiscal. Esta espantosa metástasis puede repetirse en nuestro país.

Cuando se instauró el modelo socialista en Venezuela, la deuda externa era muy elevada, superaba los 30.000 millones de dólares. Hoy, la deuda con China, un solo acreedor, supera los 40.000 millones de dólares (más  nuevas obligaciones por recientes tratados desconocidos).

Grave situación en la que estamos involucrados. Weimar, para salir de sus circunstancias, entregó a sus acreedores extranjeros fábricas y  yacimientos minerales. Los carteles foráneos reagrupan empresas e industrias, y concentraron en 2% de las empresas el empleo de más de la mitad de toda la masa laboral. Venezuela, cacareando soberanía, va por el mismo camino entregando el país productor a extranjeros.

Los manejos que extraviaron 25.000 millones de dólares  sin responsables, ni explicaciones por su pérdida, han llevado a nuestro gerifalte a salir cual mendigo a negociar cualquier endeudamiento, buscando comprar los alimentos que dejamos de producir. No fuimos capaces de sembrar el petróleo en nuestros fértiles suelos.

Gobiernos por decretos y leyes habilitantes nos conducen desbocados al precipicio. Insensata guerra del sistema mal etiquetado como nuevo socialismo en contra de los medios de producción secó los pozos de la esperanza.

En las colas interminables las madres hambrientas amamantan a sus hijos. Así no se construye patria.