• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Palabras de agradecimiento

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Dice el refranero que agradecimiento es manifestación del bien nacido. Agradecimiento como el del hijo para con sus padres por las enseñanzas y recomendaciones basadas en experiencias, así pues es poco frecuente encontrar a un padre agradeciendo a su hijo.

Que la experiencia es la madre de las enseñanzas no es verdad. La experiencia no es madre de nada, y si se convierte en inercia repetitiva, crece cuando pretendemos disfrazar la ignorancia en la sabiduría que no tenemos.

Por años el tema de nuestras conversaciones fue la política, nuestros puntos de vista ante el poderoso que manda y la crítica al gobierno.

Echo de menos nuestras tertulias, me hacen falta nuestras incompresibles e interminables sobremesas donde los extraños nos veían con la duda de si llegaríamos a pasar la raya del respeto por la vehemencia de nuestras palabras.

Sí, Leopoldo, te echo de menos aunque sé que es un día menos para el reencuentro. Me llena de tristeza que ese día menos también sea uno en mi vida que no compartí contigo.

Hoy cumples dos años en la cárcel. Más de setecientos días penando por amor a tu país, veinticuatro monstruosos meses en los que campea la flagrante violación a los derechos humanos, abonada por la Injusticia de un régimen criminal.

Esta separación forzosa ha sembrado en mi conciencia razones y motivos con la semilla de nuestros abuelos. Semilla convertida en frondoso árbol con frutos de hombres que como tú están llamados por la Historia para reivindicar la mancillada nacionalidad de los venezolanos. He comprendido, con actitud humilde mas no resignada, que tú te has convertido en mi lección. Mi padre, tu abuelo, nuestros antepasados te han entregado la posta del camino que haces sembrando huella profunda con el sacrificio que busca la Libertad.

Lo que dijiste e hiciste no difiere de lo que hicieron nuestros viejos, por eso recordé unas líneas anotadas en una biblia que me regaló mi padre, tu abuelo. Allí escribí: André Gide: “Todo está dicho; pero, como nadie atiende, hay que repetir todo cada día”. Más abajo, en otra nota. Kierkegaard: “El que no sabe repetir es un esteta, el que repite sin entusiasmo es un filisteo y sólo aquel que sabe repetir con entusiasmo constantemente renovado es un hombre verdadero”.

El sacrificio ha sido muy doloroso, pero encontré la explicación para ésta acción en tus propias palabras, las que le has dicho a tus hijos: “Prefiero explicarles a mis hijos el porqué estoy preso, a revelarles el cómo perdimos la patria”.

El dar la cara, presentarte disciplinadamente ante la pantomima de juicio que montó nuestro aberrado sistema judicial demostró cuán fuerte puede ser un hombre en apariencia débil cuando va recubierto del manto protector de la verdad.

Leopoldo, eres ejemplo para tus hijos. Lo mismo que un ejemplo para tus padres y hermanos. Los principios y los valores bien fundamentados, la fe y la razón te han insuflado una libertad incontenible. Libertad que no pueden retener los inmundos barrotes de tu cárcel.

La situación penosa, dolorosa y lamentable a la que estos sátrapas condujeron la nación, es la reafirmación de tu razón. Cuando denunciaste sus incompetencias, corruptelas, traiciones, vicios, este régimen que hoy te condena con el sustento de un juicio concertado, carente de legalidad y lleno de falsedades.

Hoy quiero enviar estas líneas por esta vía pública para ver si así pasa la canallesca requisa de tu prisión, de esa cárcel que con tu ejemplo has convertido en santuario de la República.

Eres para nuestra juventud y pueblo faro de Libertad. El fuego de tu llama no puede dejar de brillar, y como el sol de Choquehuanca su fulgor provocará un ocaso que se confundirá con el alba luminosa de tus ideas, hasta convertirse en el amanecer de la nación que hoy se esconde en las sombras del terror.