• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Leopoldo López Gil

¿Oposición contingente o inherente?

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Una verdadera democracia no se entiende y mucho menos se respeta o soporta si en la estructura del sistema político que ordena la nación no existe lo que se conoce como el contrapeso institucional.

De no existir el equilibrio, de no haber coherencia, lo que ocurre, ya en su día lo anunció J. J. Rousseau, la acción de la voluntad individual se impone frente a la voluntad general y, como ahora ocurre en Venezuela, surge la anarquía, aquella realidad con la que se despidió el Libertador, cuando se encontraba a escasas horas de su muerte. La anarquía nos está devorando, no cabe la menor duda. Anarquía que estimula el apetito y les abre las fauces a la acción de la bota militar y la dictadura ilimitada.

De ese desequilibrio surge la tiranía, y con la tiranía se aplasta la nación y la patria. La historia es reiterativa, cuando el poder que nace producto de la voluntad popular, de la voluntad de la mayoría electoral y en el transcurso del ejercicio político este se envanece en la acción desequilibrante de sus fuerzas, provoca el arrinconamiento de las minorías y el surgir de la opresión.

Jamás ha existido un gobierno en el cual la totalidad de los gobernados le aplauda, siempre existirá el descontento y la desilusión en muchos; los gobiernos sabios aceptan esta realidad con resignación, los menos civilizados se irritan con la oposición y hasta recurren a la violencia para librarse de ella. La labor magistral de un buen gobierno democrático es complementar su gestión con las exigencias de la parte contraria.

El funcionamiento adecuado de un gobierno democrático, requiere la existencia de una oposición fuerte, unida, coherente, capaz de discutir con altura y dignidad, debatir y contradecir las desviaciones del poder gobernante y evitar el secuestro de los poderes públicos. Impedir convertir la nación en un ente esclavizado por bárbaros incapaces de entender la imposibilidad de tener siempre la razón.

Las divisiones y contradicciones que se manifiestan en la oposición ante diversas circunstancias parecen beneficiar solo al actual régimen político, estamento intolerante, violento e intemperante.

La oposición venezolana vive situaciones complicadas, contradictorias y envilecidas que minimizan el exigido equilibrio en el sistema para hacer viable la vida democrática de nuestra patria.

Retomar el camino que representa la voluntad del porcentaje nada despreciable de la población que aspira a seriedad en esta hora crucial significa tener representación política de acuerdo con sus pensamientos y pareceres. Mantener esa pluralidad y diversidad dependerá de cómo salga librada la oposición política venezolana en la disyuntiva actual.