• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Libro abierto o caja negra

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Lleno de angustia el ciudadano se pregunta: ¿Hasta cuándo?

Ve con preocupación la falta de alternativa para optar por una situación diferente, vive sumergido en un mar de improvisaciones nutrido por inseguridad, desabastecimiento e inflación, cada día se acerca más a la pobreza.

El venezolano no tiene el derecho de la opción: hoy no puede escoger la marca de pasta de dientes, jabón, aceite o qué auto comprar entre opciones que hasta hace poco tuvo, cuando el país gozaba de una industria saludable.

Políticamente, se plantea, debe haber un camino distinto al impuesto por la autocracia que solo ofrece  menos opciones para cambiar constitucionalmente nuestro destino como nación.

Represalias atrabiliarias y judiciales, como  las designaciones ilegítimas de los rectores del CNE o la eliminación del voto directo para el Parlatino por la directiva de la Asamblea Nacional y la destitución e inhabilitación de representantes del pueblo elegidos en votación mayoritaria, pública y directa, son prácticas recurrentes para fortalecer la permanencia de un régimen fracasado.

No hay una opción clara sustentada en normas legítimas para designar autoridades en los sindicatos de trabajadores, tampoco de las autoridades en las universidades, sin la anuencia de un Poder Electoral viciado, sometido a la voluntad del Ejecutivo. Todo esto impide la opción de senderos distintos, para un destino diferente, que permita a los ciudadanos decidir dónde, cómo y cuándo ejercer su voluntad. Acciones tiránicas que la Fiscalía General, actuando como  poder depravado, justifica expresando que lo hace en beneficio del pueblo.

Mientras estos desmanes suceden, el gobierno amordaza a los medios de comunicación, cercenándoles  el derecho de informar. La libertad de expresión se restringe y el pensamiento libre se cubre con nubes del terror que siembra la tempestad tiránica y oculta el sol de la verdad.

La tiranía crece en la medida que se limitan las opciones para decidir; en  democracia, la libertad se establece de manera inequívoca, prohíbe que una porción de la nación pueda decidir con prescindencia del resto. Es decir, todos tienen el derecho de escoger quién gobierne.

Para poder decidir correctamente, es imprescindible tener total libertad de expresión e información.

La persona que pretenda gozar de la confianza de sus electores debe saber que lanzarse a la vida pública implica que de él se sepa mucho, de su pasado como del presente. Debe ser un libro abierto, pues de lo contrario se ocultaría su verdadero ser.