• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Kipling en Ramo Verde

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Casi desde que tengo memoria, cuando he escuchado hablar de poesía me asalta la imagen de mi padre entregándome un librito azul de los Poemas y cuentos de Rudyard Kipling. Cuando lo hizo noté que tenía una cinta marcando una página. Abrí el libro de inmediato, y allí, donde estaba la cinta estaba el poema “Si” o “If” en su idioma original escrito en la contrapágina.

Si puedes conservar tu cabeza, cuando a tu rededor

todos la pierden y te cubren de reproches;

si puedes tener fe en ti mismo, cuando duden de ti

los demás hombres y ser igualmente indulgente para su duda;

si puedes esperar, y no sentirte cansado con la espera;

si puedes, siendo blanco de falsedades, no caer en la mentira,

y si eres odiado, no devolver el odio; sin que te creas,

por eso, ni demasiado bueno, ni demasiado cuerdo.

 

Si puedes soñar sin que los sueños, imperiosamente te dominen;

si puedes pensar, sin que los pensamientos sean tu objeto único;

si puedes encararte con el triunfo y el desastre, y tratar

de la misma manera a esos dos impostores;

si puedes aguantar que a la verdad por ti expuesta

la veas retorcida por los pícaros,

para convertirla en lazo de los tontos,

o contemplar que las cosas a que diste tu vida se han deshecho,

y agacharte y construirlas de nuevo,

aunque sea con gastados instrumentos!

 

Tuya será la tierra y cuanto ella contenga.

Y –lo que vale más– serás un hombre ¡hijo mío!

 

Mi padre notó en mi cara la perplejidad al comenzar a leer. Sabía que había un mensaje en esas líneas, que papá valoraba y quería que marcaran huella en mi carácter. Con humildad, al finalizar la lectura, agradecí a un hombre cuya vida había sido fiel a las enseñanzas de Kipling. Mi padre me transmitía en esas líneas toda una filosofía de vida, un respeto a los humildes, sencillez ante la victoria, valor al trabajo y amor al prójimo.

Muchos años después cuando ya era padre de un joven lleno de energías e ideales recordé el librito y buscando hasta encontrarle entre mi desordenada biblioteca lo desempolvé, y sin gran ceremonia se lo regalé a Leopoldo. La conversación con mi hijo bien pudo haber sido la misma que yo mantuve con mi padre.

El mundo, y los humanos no han cambiado tanto.

Cualquiera de las líneas del bello poema son aplicables a lo que podemos describir un hombre de bien, o un hombre de principios. El poema es solo un recuento de las características que debe reunir un hombre en contraposición a un salvaje, a un bárbaro, o un hombre de mal.

El acto de enfrentar las fuerzas superiorísimas del Estado, con la voluntad y disposición de ánimo que muchos venezolanos decidieron realizar desde febrero de 2014 para culminar en el contundente triunfo del domingo pasado, es, por decir lo menos, admirable. Se desenmascaró a un gobierno ineficiente, inepto, corrupto y desde luego impopular. Hoy muchos siguen en las prisiones injustas del régimen tiránico, traicionero de la democracia, pero todos sabemos que no deben pasar un día más en esas cárceles. El soberano habló muy claro y pide su libertad.

Hoy desde Ramo Verde puedo imaginar que detrás de los barrotes se ve un bello horizonte, ese que dibuja el futuro promisor de un país lleno de oportunidades y juventud soñadora comprometida con su país. Hoy en Ramo Verde se puede leer a Kipling y recordar algunas líneas:

 

Si puedes encontrarte con el triunfo y la derrota,

y tratar a esos dos impostores de la misma manera...

 

Mi admiración y respeto ha crecido cada día que se ha resistido a la humillación del abuso y la barbarie.

Hoy entiendo más a Rudyard Kipling.