• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Jueces asesinos

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Desde el amanecer de las culturas los códigos legales han sido el muro que ha impedido la autodestrucción del hombre y su civilización.

En Mesopotamia los códigos de Hammurabi protegieron la cultura caldeo-asiria con sus leyes. Grecia sembró el sentido de la justa justicia en la civilización occidental y vistió el poder del pueblo con democracia.

Roma desarrolló la jurisprudencia en sus códigos, leyes que son ejemplo de justicia. A ellos recurrimos todavía hoy, como lo hiciera Bonaparte al considerar la creación de sus códigos: justicia, sin la guillotina, sin los odios sembrados por la erudición de Robespierre. 

Así lo hizo en su momento Moisés, cuando con dos tablas y diez mandamientos reunió y unificó a su errante pueblo.

Así se formaron las naciones de la modernidad, gracias a la observancia, respeto y obediencia de las leyes.

Fue nuestra pretensión como país, cuando forjamos en un proceso constituyente la redacción de una Constitución que hoy es violada permanente.

Ley de leyes, traicionada por capitostes amparados en la mistificación de la mentira, y la trampa que en los rincones del Palacio de Justicia surge como una serpiente que salta lanzada por la ignorancia de un pueblo, que han corrompido arrinconándolo con la fusta del hambre y la miseria.

Este mezclote, en el que la revolución bolivariana ha transformado a la sociedad venezolana, es la base sobre la que descansa la Constitución de la República. Dejó de ser la luz del pueblo o el faro de la patria, perdió su jerarquía y estatura hasta convertirse en una ficción. Es el dictado del imperio de la injusticia. Es la impunidad criminal alimentada por jueces que por satisfacer el aberrante populismo traicionan nuestra gallardía que sentía orgullo por lo nacional.

Hemos convertido la Constitución en un librito que sustituyó al Oráculo del guerrero, un librito, que se puede doblar, quebrar, arrimar y enseñar en medio del discurso, la discusión, sin que en realidad nos importe lo que dice su letra. 

Continuamente violada ha sido la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Hemos degradado las leyes, su cumplimiento y el ejercicio de la justicia, solo la anarquía nos embarga.

No hay quien vigile el cumplimiento de las leyes porque Venezuela dejó de ser república: no hay separación de poderes, los jueces carecen de permanencia en su tribunal y la transitoriedad los convierte en víctimas miserables del Poder Ejecutivo.

El responsable del resguardo y cumplimiento de nuestras leyes debería ser un poder autónomo, independiente y constituido por personas honorables y sabias.

El juez tiene la obligación de proteger a su soberano del mal uso del tribunal para beneficio del tirano. Irrespetar su función equivale a colaborar con el asesinato de la sociedad.