• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

Al instante

Gesta corajuda

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Ha pasado medio siglo desde la segunda elección presidencial en democracia a partir del derrocamiento de la dictadura militar del general Marcos Pérez Jiménez. Fue en 1963, cuando las fuerzas de las izquierdas, apoyadas por el pichón comunista que para la época era Fidel Castro, se empeñaron en demostrar con el aderezo del terrorismo que podrían disuadir a la población de ejercer el sagrado derecho al sufragio y así tener bases para declarar aquella jornada cívica como un acto írrito, sin validez representativa.

Los venezolanos asistieron en masa a esa cita, fue una manifestación en contra de la autocracia y el militarismo. Una paciente y disciplinada manifestación expresada en las largas colas. Es verdad que se vivieron escenas de violencia, algunas cerca de los centros de votación, disparos de armas de fuego que pretendían asustar a los ciudadanos, pretensiones para sembrar el miedo y espantar a los votantes que, con orgullo y valentía, esperaban para depositar la expresión de su voluntad con el voto.

Los extremistas fracasaron porque el amor a la patria, el deseo de libertad y la dignidad ciudadana prevalecieron.

Quiero compartir, para ilustrar el punto, una vivencia familiar. Mi madre siempre fue una mujer temerosa de los eventos violentos. Pensamos entonces que era una demostración de debilidad de su carácter. El día de la referida jornada electoral, cuando ella hacía la cola esperando su turno para votar, sonaron disparos cerca del centro de votación donde estaba registrada, incluso se pudo ver al grupo de facinerosos empuñando amenazantes sus  armas, disparando al aire o contra inmuebles cerca de donde formaban la colas.

Todos se quedaron quietos. Todos votaron. Mi madre tuvo una actitud serena, valerosa y atrevida. Ejemplar.

Al llegar a casa mi padre nos relató el evento y, reconociendo el valor de nuestra madre, nos dijo: “Fue una gesta corajuda”.

Afortunadamente, son pocas las amenazas que hoy hacen los fanáticos desaforados o aforados sobre las colas que prevemos se formarán para las próximas elecciones parlamentarias. Lo que nos jugamos en esta cita electoral va mucho más allá de lo que se jugaba en el 63. Hoy, como entonces, la libertad está en manos de cada uno de nosotros, estamos obligados a preservar nuestro derecho ciudadano, ese derecho que nos compromete con la defensa de la democracia.

El 6 de diciembre el país de nuestros antepasados y tierra de nuestros hijos nos exige cumplir con coraje con nuestro deber. Depositaremos con nuestro voto la voluntad inquebrantable de rescatar la democracia, la libertad y la justicia. La escogencia es fácil y no hay excusa que valga para no asistir a cumplir con el sagrado deber pero frágil derecho.

Con cada voto individual, cada manifestación de conformidad o inconformidad, cada preferencia manifestada estaremos aunando nuestro granito de arena, minúsculo pero imprescindible para mantener vigente el derecho del poder individual a través del voto, en el proyecto colectivo de la patria. Sin miedo, con  fuerza y fe todos debemos votar y hacer valer el voto. Ausentarse es otorgar ese espacio al adversario.