• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Expresión sin libertad

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Si en una nación a un ciudadano, y basta uno, que tenga una opinión distinta,  el Estado pretendiera impedirle expresarse, solo con el intento de tan diabólica acción violaría el derecho fundamental que tenemos todos los seres humanos de expresar nuestro pensamiento.

El poder tiránico, cuando actúa en contra de nuestros derechos cercenando la libertad de pensamiento y expresión, no solo lo hace en contra de los que oprime con su conducta insolente a espaldas de las libertades pertenecientes a los ciudadanos, lo hace secuestrando derechos de la humanidad, establecidos en la historia del desarrollo de los acontecimientos de las naciones.

Es posible que el pensamiento prohibido, acosado y perseguido por el tirano no sea el dueño de la verdad, pero es una realidad que al impedir que se conozca lo que se piensa, o lo que se cree, se viola el derecho de expresarse con plena libertad.

Hace mucho que en Venezuela el espacio público ha sido invadido por el poder, la verdad se oculta y se le impide al receptor del mensaje ejercer su derecho a la información.

Hoy se han conculcado estos derechos: pensamiento, expresión e información. Todo se sucede con la persecución infundada de ciudadanos que piensan distinto, impidiéndoles a unos expresarse y a otros estar informados, porque ya Venezuela dejó de ser república para convertirse en Estado absoluto, donde no existe la separación de los poderes públicos.

El ejercicio aberrante del poder tiránico llega a extremos al proteger intereses particulares, pues ya los propósitos del proyecto de país quedaron enterrados por tantas y tantas traiciones cuyo único invicto resultó ser la corrupción desbordada.

No debe permitirse que la mordaza al pensamiento, su expresión y su divulgación se oculte bajo el velo de protección a la reputación, ni  pretendida difamación a quienes deberían exhibir el mismo respeto que ahora pretenden exigir. Tal vez un improbable examen de conciencia  les ayudaría a entender el dicho: “No hagas a tu prójimo lo que no quisieras te hicieran a ti”.

No ha existido, ni podrá existir, un pueblo libre con respeto a los derechos de todos y cada uno de sus ciudadanos sin una prensa fuerte, independiente y autónoma. La información es y será el acero que templa el vigor democrático de la sociedad.

Si algún freno podemos poner al exceso de abusos, corrupción y traiciones estará solo en la robustez, valentía y capacidad de una sociedad informante e informada. Esa será una patria para todos.