• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Esuriunt

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Tal vez muchos se preguntaran qué quiere decir el título de este artículo, seguramente cuando vemos algo que no entendemos buscamos ayuda para aclarar nuestra duda o la dejamos pasar despachándola a los rincones del olvido.

El gobierno traidor a la democracia, la tiranía venezolana, ha escogido la ruta de ignorar y olvidar todo lo que no entiende.

La muchedumbre hambrienta que cruza la frontera colombo-venezolana manda un clarísimo mensaje, pero como que si fuese otro idioma el régimen opta por calificar de actores de teatro o cómplices a quienes con mucho sacrificio y dolor van a realizar la compra de sus alimentos desaparecidos de los anaqueles venezolanos.

Demencial la letanía que han descargado el presidente, el gobernador, los ministros y los adulantes de los medios de comunicación secuestrados, como es misión imposible lograr que de su propia voluntad aflore la menor intención para entender y resolver estas angustias de la población trashumante, me propuse utilizar la raíz de nuestra lengua para transmitir el breve y contundente mensaje de los peatones del puente fronterizo con una sola, solita palabra y encontré que los senadores romanos cuando acompañaban al César y veían a la plebe protestar, les decían: “¡Esuriunt! Ellos tienen hambre”.

¿Será posible que la separación de los jerarcas y su pueblo hayan llegado al extremo que no lo puedan interpretar? o ¿será que cuando los gerifaltes reconocen el grito de hambre no se atreven a comunicarle a su chivus maximus, o burricus sumum que su gente requiere comida?

El respeto y reconocimiento fueron las bases que permitieron desarrollar nuestra democracia, hoy los absolutamente desorientados responsables del desgobierno se empeñan en demoler ese logro colectivo. Es imprescindible que se comience a pensar en la gente, sustituir los engaños por realidades y ocuparse de sus asuntos.

Atribuir la culpa de nuestros males a conspiradores, imperios o mercados es una estupidez, el examen desprendido de dogmas ideológicos concluirá que la responsabilidad de esta trágica caída económica no es más que una banda que ha utilizado nuestro patrimonio para enriquecerse a costa de su pueblo.

Llegó la hora del gran acuerdo, no entre políticos, sino entre todas las partes que permita el renacer de la esperanza, del futuro, uno que parta del respeto donde todos sean incluidos y respaldados.

Recordemos al poeta romano Lucrecio, cuando dijo: “No puede un cuerpo transmutar su esencia sin que deje de ser lo que antes era”.

Así debemos emprender nuestra ruta al puente y regresar con cordialidad y concordia con el cambio radical para lograr un gobierno de representación.