• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Leopoldo López Gil

Dilema patriótico

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En este país, donde la corrupción corrompió a la corrupción, donde se han anulado los poderes públicos, donde se suspendieron las libertades de manifestar y protestar, es difícil comprender el entusiasmo de algunos miembros de la Mesa de la Unidad que para acabar nuestras angustias proponen unas reuniones que son cínicamente llamadas diálogo, donde el desgobierno propone conversar advirtiendo que no cederá ante peticiones de cambios.

Nicolás Maduro se ufana, en discursos por cadenas de radio y de televisión, al expresarse con incoherente verbalismo, pleno de agresiones, ofensas y amenazas, afirmando que no habrá cambios y menos aún se parlamentará sobre temas como corrupción, derechos humanos, presos políticos, solicitudes y exigencias de los estudiantes, la tragedia de las universidades. Evidenciando lo impensable para lograr la avenencia.

Percatados de la ruta necesaria para evitar la violencia política, que solo nos conducirá a enfrentamientos de irreparables y dolorosas consecuencias, también estamos seguros que al aceptar los términos impuestos por invasores soterrados, será otro de los muchos espectáculos mediáticos con los que se ha ido calmando el anhelo de cambio aspirado por la aplastada nación venezolana. Sed de justicia que será apaciguada con los mismos espejismos de las incumplidas promesas. Eso sí, asegurando la dolorosa permanencia del tiránico régimen.

La Mesa de la Unidad, agrupación que un día nos esperanzó, ilusionó y llenó de orgullo venezolanista, hoy la sentimos lejana, al colocar la cerviz para que el trocadero en mano del régimen le descabelle y aniquile con intransigente intolerancia todos los derechos fundamentales de los venezolanos.

El dilema es si estamos ante una traición o no. De ser afirmativo, esto sería a conciencia, pues nuestros ductores saben bien que por mucho que se les permita hablar nada va a cambiar. No son ellos lerdos, pues su ilustración así lo afirma. ¿Serán entonces tontos útiles que en un momento de aflicción de la nación invadida por extranjeros, no son sensibles al evidente sometimiento por la terrible oclocracia que por medio del terror y la impunidad domina a la nación?

Asistir a esa celada seria indudablemente traicionar la buena voluntad de nuestro pueblo al decir representar gran parte de nuestra nación en un pseudo diálogo que, antes de iniciarse sus participantes saben, que a pesar de inagotables turnos de palabra, nunca jamás habrá conclusiones y mucho menos acciones transparentes.

Si ese es el diálogo, será una traición a nuestros compatriotas por unos pocos ilustrados.