• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Conversación con Yoani

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Con motivo del foro auspiciado por la Fundación Libertad, en Madrid tuve la oportunidad de conversar con activistas por la democracia y la justicia provenientes de la isla de Cuba, donde se les llama disidentes, y entre los cuales se encontraba la ya muy reconocida tuitera y bloguera Yoani Sánchez, ícono de luchadores que no se doblegan ante los más crueles obstáculos para lograr sus metas.

Lo primero que llama la atención es la nomenclatura utilizada para distinguir a este grupo de ciudadanos que no comparten la visión autocrática de los vetustos dirigentes isleños que, al llamarles disidentes, le indican al resto de sus compatriotas que son personas que disiden, es decir, que se apartan de la doctrina común, de la única conducta social aceptada e impuesta. Cuán distinto es denominar a quien no comparte opiniones adversario u opositor.

En nuestra traicionada democracia el régimen ha intentado calificar a sus adversarios como enemigos, pero no han logrado que se les reconozca sino como opositores. Gran triunfo para nosotros, pues deja en evidencia que aquí ha sido imposible establecer una doctrina única de pensamiento a pesar de los no pocos esfuerzos de la tiranía.

Discrepar es un elemento fundamental en la vida democrática, la libertad así lo establece, no es posible considerar la sociedad como una posible utopía que mantenga la rigidez de una doctrina única sin posibilidades de desafiar ninguno de sus designios.

Los humanos por naturaleza gozan del libre albedrío y la libertad es parte integral de su alma, de no ser así cómo podríamos explicar la lucha eterna de los hombres por reconquistar la pérdida de la libertad aun cuando ello suponga el sacrificio máximo, la vida.

El hecho de que nuestros recién elegidos diputados a la Asamblea Nacional se les distingan como opositores demuestra que nuestra sociedad añora un modelo opuesto al actual gobierno. Es también una clara obligación para establecerlo, y esto puede significar momentos difíciles, esos que marcan los hitos en la historia. Tal vez, como diría mi padre, “estos no son tiempos para cobardes”.

Cuando esa frase salía a relucir siempre recordaba con orgullo sus años de juventud, aquellos que cuando por manifestar su descontento, el dictador encarceló a los dirigentes estudiantiles, pero el resto de sus compañeros se metieron voluntariamente en la chirona, dando una lección de compromiso al país.

Leer las cartas que describían estos eventos a mi padre, pues ya se encontraba en el exilio, fueron lecciones que recibí desde muy temprano sobre lo que debe y puede hacerse desde los movimientos estudiantiles, esos que representan lo más noble de las sociedades por su desprendimiento y generosidad, movimientos de las voluntades impolutas que sueñan con ideales y el bienestar común.

Contó Yoani la anécdota cuando esbirros de los Castro se llevaron preso a su tío Mario; su  hijo Daniel preguntó por qué lo encarcelaban, a lo cual ella, buscando una razón comprensible para su hijo le respondió: “Por valiente”, y para su gran sorpresa Daniel le repreguntó: ¿Entonces ustedes los que están sueltos, son cobardes?

Esta anécdota me trajo a la mente las palabras de mi hijo cuando nos dijo: “Prefiero explicarles a mis hijos por qué estuve preso y no por qué dejé perder nuestro país”.

Cuando siento la extraña indiferencia por parte de algunos ante la destrucción de nuestra patria, me pregunto si el hijo de Yoani tenía razón.