• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Leopoldo López Gil

Conquistar nuestra justicia

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Recientemente, en uno de sus artículos, recordaba Eduardo Fernández que Jorge Luis Borges, al condenar a Juan Domingo Perón, remarcaba dos aspectos de su régimen, uno de índole criminal que consistía en cárceles, torturas, robos, y el otro la fachada teatral, hecha de medias verdades y fábulas para consumo de patanes. Ni siquiera los partidarios de Perón creían esta representación tan burdamente sentimental, sin embargo, ninguno de ellos la rechazó, porque el propósito auténtico de esas ficciones ambiguas, propagandas, consignas y fiestas, era ocultar las sórdidas y atroces realidades del gobierno.

El pueblo argentino había entrado en una voluntaria suspensión de incredulidad porque nadie tenía el coraje de denunciar la corrupción que estaba en el centro mismo del sistema.

Es ese sistema, al que se refería Borges, el mismo que con fachada de sainete cervantino vivimos los venezolanos cada día y a cada instante de nuestra existencia; porque en Venezuela la justicia no es más que un sainete con fachada teatral, donde se imponen bárbaras y crueles realidades.

La justicia hay que conquistarla y defenderla, es urgente y necesario luchar porque se imponga. Nunca jamás debemos sentarnos a esperar que se aparezca por la puerta de atrás creyendo que por ser humanos la detentamos.
 
La justicia no es un premio a la buena conducta, a la obediencia, a la pasividad; la justicia es una conquista, es la respuesta a una lucha; la justicia es el trofeo del triunfo logrado sin pactar, sin traiciones y mucho menos sin ceder en nuestro deseo y derecho de vivir bajo su manto.

La justicia sobrepasa la razón porque es eterna. San Agustín dijo: “…Por necesidad ha debido haber justicia, así en castigar como en premiar, porque este es uno de los bienes que proceden de Dios”.

Si defendemos la justicia, estaremos conquistado una patria meritoria porque las virtudes se basan en la justicia; y la justicia se basa en la idea del bien, y esta es la única armonía posible.

La conquista de la justicia es tarea primordial de los ciudadanos, sin ella no hay distinción de méritos, de fechorías, de deberes ni derechos. El mundo sin justicia es un mundo despreciable para los seres dignos, y solo tolerable para los que no se diferencian de la jauría en la persecución de su presa.

Hesíodo, el poeta griego, escribió: “Llorando, la justicia persigue a los hombres que tratan de rehuirla o torcidamente administrarla. Mas, quienes emiten solo rectas sentencias y nunca se apartan de la justicia, verán cómo se engrandecen y prosperan”. Venezuela necesita que alcancemos esa posibilidad, y pide esa conquista.