• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Circunstancias encubiertas

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Carlos Siso, en su ensayo “Castro y Gómez, importancia de la hegemonía andina” tropezó, a pesar de su propósito enaltecedor del régimen, con la realidad de las cárceles de la época. Horribles ergástulos en los que se pretendía reducir a los valientes a estatura microbiana. Torturas y vejámenes que marcaron al que pensara diferente, disidente o discrepante.

La evidencia del inhumano crimen preocupó al historiador empeñado en exaltar los valores de los sátrapas forjadores del terror. Claramente lo señaló Leonardo Altuve Carrillo en la introducción a esa obra destacando que si bien el autor alega que para cuando en el país recurrían al infernal horror carcelario, situaciones similares sucedían en naciones desarrolladas como Francia y Estados Unidos.

En Francia, escribió Siso, nacieron campos de concentración como la Isla del Diablo en la Guayana Francesa; y en Estados Unidos los presos encadenados rompieron rocas y desmontaron selvas para abrir caminos y rutas de ferrocarril.

Siso quiso justificar lo injustificable, sin percatarse de que en Francia y Estados Unidos se borraban los cuadros del terror gracias a las luchas de sus ciudadanos en defensa de los derechos humanos. Los hombres y mujeres de esos pueblos crecieron como nación defendiendo la honra con la muerte, en vez de aceptar pasivamente la vida en vilipendio.

Lamentablemente no pudo Altuve Carrillo, intelectual del chavismo, ver cómo el socialismo del siglo XXl, lejos de dignificar y transformar nuestros sistema penitenciario en modelo para otras naciones, condujo una regresión tanto de formas como de fondo, al punto de que hoy elude la autorización a observadores internacionales imparciales que den fe del estado actual de nuestros presos. En particular los presos políticos.

Ante los incontables y siempre vanos intentos por lograr el testimonio presencial de ex presidentes, senadores y diputados de muchos países, las hermanas de Leopoldo López, Diana y Adriana, en sostenida campaña, han logrado reunir más de 40.000 firmas a escala mundial para exigirle a la OEA y la Unasur su arbitraje ante el régimen venezolano, para que se permita a la Cruz Roja Internacional visitar a nuestros presos y verificar el estado de salud de los numerosos opositores recluídos y constatar las condiciones de su encarcelamiento.

No es admisible que lo que ocurre tras las rejas de los penales de la patria sea equiparado a lo que sucede en las mazmorras de Corea del Norte, las cárceles cubanas o gulags rusos.

Venezuela ha sido, es y será por mandato de los forjadores de la patria, cuna de libertad, no podrán estas galeras reducir ni doblegar nuestra resolución de justicia y respeto a la ley.