• Caracas (Venezuela)

Leopoldo López Gil

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Leopoldo López Gil

No fue Castro, fueron los yanquis

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El ignaro vocifera la mentira de que “Cipriano Castro evitó la invasión de los yanquis a Venezuela en 1902”. Pretende sembrar una patraña que debemos condenar los que añoramos respeto a nuestra soberanía e historia.

En 1896 el gobierno del presidente Joaquín Crespo negoció con el Disconto de Berlín un oneroso empréstito, parecido a los que Chávez y Maduro contrajeron con China y Rusia.

Ese préstamo llevó a la nación a una situación de morosidad y, a pesar de que la Constitución de aquella época contenía una cláusula que exigía observancia de que dudas y controversias fuesen decididas por tribunales venezolanos y conforme a las leyes de la República, esta se omitió, y ello trajo sus terribles consecuencias.

Tal fue el atraso de la nación en sus obligaciones con el Disconto de Berlín que la Cancillería alemana entregó a Washington un extenso memorándum sobre el plan de cobranza que pondrían en marcha los germanos en diciembre de 1902, el bloqueo a Venezuela.

Las obligaciones venezolanas crecieron al ritmo del interés pactado en los títulos, e inevitablemente Alemania se alarmó cuando Cipriano Castro, presidente de la República, pretendió desconocer estas obligaciones. La Cancillería alemana informó al presidente Teodoro Roosevelt sobre las medidas de coerción por ejecutar, el bloqueo de los puertos de La Guaira y Puerto Cabello y el embargo de sus aduanas.

El 9 de ese diciembre el Cabito lanza su famosa alocución de “la planta insolente”, arenga patriotera en la que decretó liberación a presos políticos, entre ellos el Mocho Hernández, y entonces como ahora cuando reclutan a niños para firmar cartas a Obama, Castro, atolondrado por la aparición de buques de guerra extranjeros en nuestras costas, colocó al frente de sus tropas a los presos de La Rotunda.

Ante el pandemónium, el embajador de Estados Unidos, Mr. Bowen, adquirió tanta monta que a su ingreso a la Casa Amarilla, le gritaban: “Viva la Doctrina Monroe”… Bowen en Washington logró cumplir la misión más importante de su vida diplomática, evitó la invasión a Venezuela por Alemania, Gran Bretaña e Italia, a la que se agregaron Francia, Italia, España y Holanda, en unidad de acreedores.

Advirtió Roosevelt su repulsa a la invasión por las naciones europeas, e invocó la Doctrina Monroe, aclarando so pena que los “yanquis” tomarían justicia en armas con sus barcos y marines en protección a la nación americana. Los buques europeos se retiraron de nuestros mares.

No fue Castro, fue Roosevelt quien impidió la invasión. Derrocado Castro, Gómez pagó la deuda.