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Leopoldo López

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Venezuela y el petróleo (VII)

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En esta entrega quisiéramos profundizar en el cuarto objetivo estratégico planteado en nuestra visión petrolera: apalancar el progreso a través de la generación de miles de empleos productivos y promover el emprendimiento mediante el desarrollo de la industria y la estimulación del sector no petrolero.

Se ha dicho muchas veces a lo largo de nuestra historia que hay que diversificar nuestra economía, que Venezuela será una potencia. Hoy, somos más dependientes que nunca de la renta petrolera. Es posible superar esto.

Debemos asumir sin complejos nuestra condición de país petrolero. Industrializar y añadir cadenas de valor aprovechando nuestro principal recurso natural. Adicionalmente, creemos que se deben repetir, a mayor escala, desarrollos industriales como los que se dieron en Guayana y Carabobo, por ejemplo, apalancándonos en nuestro petróleo. La recuperación y el desarrollo de nueva infraestructura es también objetivo principal asociado al crecimiento de la industria petrolera.

No vemos un divorcio entre el desarrollo de la industria petrolera con otros sectores de la economía como lo son turismo, agricultura, construcción, servicios, etc. Más bien vemos el incremento de la actividad petrolera como una catalizador, un acelerador de estos sectores de la economía.

Hay que romper con ese pensamiento según el cual producir más crudo pone en riesgo a otros sectores de la economía y nos hace más dependiente del petróleo. Plantear que el petróleo está en una acera y los otros sectores de la economía en la acera de enfrente ha generado conflictos no solo académicos, sino conceptuales, en el diseño de las políticas públicas, lo que no nos ha permitido optimizar el sector petrolero ni los otros sectores de la economía.

La del petróleo es una industria de alta tecnología que requiere enormes inversiones, con capacidad de generar externalidades positivas en la economía donde se produce. Las actividades de exploración, producción, distribución y comercialización de crudo demandan la construcción de infraestructura de alta tecnología, requieren mano de obra calificada y artesanal que genera una porción de empleos que está lejos de ser marginal. Adicionalmente, la industria genera economías de ámbito sobre productos y servicios conexos, como, por ejemplo: mantenimiento, construcción, metalmecánica, transporte, servicios financieros y consultoría, etc.

Añadiendo valor, la producción de petróleo brinda la oportunidad de desarrollar una amplia gama de derivados «aguas abajo», desde los productos refinados (Ej. la gasolina y el gasoil) hasta la petroquímica (Ej. plásticos y farmacéuticos); y esos sectores a su vez demandan servicios conexos que dan lugar a un círculo virtuoso de generación de empleo e industrialización de la economía. Esta cadena de valor tiene un altísimo potencial, capaz de generar una economía diversificada y de tecnología de punta basada en una ventaja comparativa; el petróleo.

Esto no ha sido posible porque históricamente ha privado un esquema paternalista: los círculos de poder de turno han tomado la industria para su propio provecho y han mantenido a la sociedad separada y ajena del tema petrolero. Tan marcado es el divorcio con nuestra realidad de país que en Venezuela se gradúan cientos de profesionales sin tomar una sola clase sobre el tema petrolero. En esas condiciones Venezuela ha dejado pasar oportunidades de aprovechar este recurso al máximo y apalancar un desarrollo sostenido.

Superemos esta realidad. Sí se puede. Continuemos con el debate en escuelas, universidades, barrios, pueblos, gremios y sindicatos para forjar un nuevo pensamiento petrolero, esta vez más amplio e incluyente, que permita construir una visión moderna de desarrollo para finalmente alcanzar la mejor Venezuela, una Venezuela de paz, bienestar y progreso.

Fuerza y fe.