• Caracas (Venezuela)

Leonardo Padrón

Al instante

Leonardo Padrón

Decreto de emergencia

autro image
Leonardo Padrón

Foto: Cortesía

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Basado en el artículo comestible al que más sucumbo

harina de maíz blanco refinada precocida enriquecida

70 gramos de sodio y 79 gramos de carbohidratos totales

excelente fuente de hierro, vitamina A y complejo B

comido con esmero y pechuga de pavo frente a las noticias del día

basado en el artículo más preciado por las reinas de belleza de mi país

atún en aceite vegetal, fuente enfática de proteínas y omega 3

orden irreductible del zar de la vanidad

basado en ese otro artículo de sesgo filosófico y uso desmesurado

(¿fue primero el huevo? ¿cacareó antes la gallina?)

que hoy se estrella contra los cielos del costo por docena

basado, en fin, en  los 52 productos de la cesta básica alimentaria

y su carácter esquivo

y su precio gaseoso hasta el escándalo

y su talante clandestino y perecedero

basado en que tenemos las mayores reservas de petróleo del mundo

y de nada nos sirve, de nada nos alivia

basado en el saldo de sangre que acumula el asfalto

90,2  asesinatos por cada 100.000 habitantes

Jorge Carlos Gladys Carmen Marcos Marlene Martínez González

Cualquiera

basado en la prima, el mecánico, el vecino secuestrado

en esa pistola invisible que apunta a todos los ciudadanos

basado en cada frase de alambre de los exiliados

en cada marzo sin hijo de los presos de conciencia

en cada hombre pateado en el hígado de sus convicciones

basado en la melancolía de los años perdidos

en las generaciones arrasadas

en la utopía como farsa y emboscada

yo, que no ostento poder ni curul ni ejército,

decreto mi emergencia cotidiana

mi insurgencia contra lo perdido

mi pliego de apetencias

donde apunto, escribo y subrayo

que seguiré agitando papeles rabiosos en los ojos

de los que ya no tienen  ojos

y pronunciaré la hora que viene, el puntapié, la resurrección

y recorreré el idioma hasta encontrar una playa íntima

donde el país no sea este cansancio monumental

donde mi parecer y tu decir puedan buscarse

donde haya aire y fulgores y babel

donde la cáscara del hambriento y los pies del que espera

desaparezcan en la fatiga de los recuerdos vencidos.

 

Yo que no poseo ni mando ni asamblea

y ni siquiera seré obedecido

decreto abolir el espanto de los espantapájaros

suspender las esdrújulas mal habidas

recuperar las linternas, el sosiego

y tanto insomnio dilapidado

allí donde ocurren la vida y sus despedidas,

su bote de agua permanente,

su cable roído y vertical.

 

Hoy en este frágil enero de los comienzos

declaro pertenecer a un país de hombres menesterosos

corrompidos hasta el hueso por el hollín del petróleo.

Un país de balas coléricas

un país que es también un agujero, un pulmón averiado

una constitución en caída libre

un país de prosa dura

construida en los suburbios de la violencia

como una canción inútil desde la primera vez.

 

(Pobre de espíritu el espíritu

Pobre de solemnidad lo solemne)

 

Hoy es el litigio entre el caudal y la miseria

entre las categorías sociales y la sociología

entre los pasillos de la universidad y los de la morgue

allí donde pastan

los suicidas, los mendrugos y los secretos.

 

Basado en las estadísticas de la derrota

en el misterio del viceministerio de la felicidad

en los veinte planes de seguridad que navegan por el Guaire

en las pastillas que se pelean los hipertensos

en la consternación de los diabéticos

y en los 80 bolívares que cuesta recargar un desodorante

en la fila de hombres que sudan el sol de Cojedes,

decreto mi emergencia cotidiana

que se parece a la tuya o a la de cualquiera

una emergencia que es más bien el asma de pertenecer

a un país donde crecen lo confuso y lo inadmisible.

 

(Yo disiento, tú discrepas, él amenaza,

nosotros votamos, nosotros ganamos, ellos arrebatan,

¿ustedes dónde están?)

 

Declaro pertenecer a un país donde conviven asesinos y poetas

maestros y pranes

militares y legumbres

y donde cada kilómetro de corrupción

cada zona de ciudad enajenada

de prójimo absoluto

es un párrafo urgente que nos necesita.

Eso pide cada pecho que sale a vivir

cada policía asesinado, cada farmacia aglomerada.

Un decreto de emergencia cotidiana

contra el poder que miente a pleno sol

y lubrica con dólares su ideología

y celebra a Fidel en las playas tristes de Ho Chi Minh.

 

(Sobrinos todos, camaradas de fe y alcaloide,

hospedados sean

allí donde la divisa es el botín.

Señor dinero, bienvenido a la revolución,

haga usted lo que sabe hacer,

envilezca allí, corrompa allá, descorche champaña,

estrene yates y avionetas, 

sea pródigo, sea expansivo,

sea socialista, señor dinero).

 

País de fronteras cerradas

de gente presa en su casa, en su trabajo, en su miedo

país dolido de tanta noche

oscuro de tanto golpearse

todo es misericordia sin hora de consulta

cicatriz de la historia

cántaro roto

andrajo, jungla y anarquía.

 

Aquí la muerte es un collar en la garganta

excesiva y fanfarrona

levanta la mano a cada rato

dice aquí estoy

este es mi reino, mi imperio.

Su contraseña es un ojo impalpable.

 

No me hablen de paz, no me jodan

el hartazgo ya aprendió

de la hipnosis queda poco

crujen los vientres, señor presidente,

gabinete entero

ministros todos  

cansan los pies hinchados

el tráfago

los cuerpos desollados

las ojeras de ese amasijo que llaman pueblo.

 

Yo me levanto sobre este enero del siglo 21

con los dedos buscando otro destino en la prosa

evitando versiones de la misma quejumbre

allí donde hay gente clausurando sus ganas de volver

llorando por una montaña

por las diez esquinas de su infancia

por esos amigos que ya no son

y que habitan una casa más grande que sus verdades.

 

Hecho el primer gesto colectivo de redención

lograda la multiplicación del pan en las urnas

los bárbaros replican

dinamitan, implosionan, escupen

pero cada vez son menos

se apagan

son un paisaje de guerra que se va. 

 

Quedan decretados el énfasis y la ruta

la ceremonia de los tenaces

el grano de luz en la sonrisa

la emergencia cotidiana

ese asunto que se expande como aceite y victoria 

en el evento de ser un país real

verosímil

casi normal  

y vencer a los falsos santos de la felicidad.