• Caracas (Venezuela)

Lena Yau

Al instante

Y recuerda que te espero

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Perhaps my whisper was already born before my lips.

Osip Mandelstam

Un prólogo que se anuncia prescindible y firmado por el autor de la novela nos da las primeras claves: la novela está escrita a partir de un conjunto de notas redactadas en varias lenguas, una relación de recuerdos en una geografía común y próxima y la distorsión de la evocación en el camino porque el autor de las notas que serán rearmadas y reescritas por el autor de la novela duda de si lo que cuenta le fue contado previamente o son vivencias autenticas.
A eso sumar una bañera.

¿Enredado?
No. Más bien un divertido, intrigante y delicioso abreboca con el que Juan Carlos Méndez Guédez comienza a narrar un viaje que son muchos viajes, un regreso que son muchas regresos, una permanencia que son muchas permanencias.
Y recuerda que te espero es su trabajo más reciente aunque en el caso de este escritor lo difícil es no usar esa palabra: narrador imparable, cazador de historias, hombre de imaginación inquieta, mano prolífica que no cesa de trazar palabras, hilar, tejer, envolvernos y enamorarnos con cada libro que publica.
Decía de una bañera que se anuncia en el prólogo y en la portada de la novela.
Esa bañera es un barco que transporta a sus ocupantes desde Panamá a Barquisimeto, Caracas y Madrid agotando una distancia que no se mide en millas náuticas y beneficiándose de una velocidad que no se entiende en nudos.
¿Cómo se regresa a las ciudades?
¿Cuántas formas de exploración existen?
¿Cómo revisitamos aquello que a veces puebla nuestros sueños, que nos asalta en el sonido de un pájaro, que se levanta tridimensional en el sabor de una salsa?
En una bañera dos amantes están frente a frente.
La boca del hombre viaja en la piel de la mujer y la mujer viaja en las palabras de ese hombre que la recorre y que le cuenta una historia.
Errante, primero por el trabajo de sus padres y luego por el trabajo propio, su conexión con su país de origen se difumina en el tiempo.
Dos fotos, las dos únicas que lo recogen de niño, son el motor para viajar.
El hombre le cuenta un periplo que implica rutas variadas: volver es revisar la historia de la plaza en la que jugó, volver es visitar los lugares de los autores leídos, volver es releer y citar de memoria los poemas y los cuentos, volver es explorar lo conocido por desconocido, acercarse a la figura de María Lionza, probar un plato de mute, visitar un cementerio con Guachirongo, tentar al miedo en una casa llena de espantos románticamente despechados.

Viajar es desplazarse geográfica, mental y memoriosamente.
Wittegenstein apuntaba que los límites del lenguaje son los límites del mundo.
Un lugar es entonces no solo un espacio geográfico delimitado sino todas las palabras que lo cuentan.
Cada lugar es contado desde las múltiples perspectivas del viajero.
La descripción y la historia colectiva y personal de lo que transita y junto a ese camino, el paseo interior, las lecturas que regresan a nutrir y completar el paisaje, los recuerdos que de tan torcidos visten su piel real con ropajes de ficción.
Ficción y realidad fluyen, se mezclan, se hacen subterráneas, afloran, guiñan.
Por eso en este libro comparten espacio personajes ficcionales con personajes reales que sirven de guía y compañía en el viaje: Beatriz Pérez, Freddy Castillo Castellanos, Luis Yslas, Ernesto Pérez Zúñiga. Y entre esos personajes reales se incluye al mismo Méndez Guédez que hace de traductor de la obra y que es aludido por Fermín, el viajante, como “mi amigo escritor”.
Hace un par de semanas, hablaba con una escritora venezolana radicada en Berlín.
Comentábamos nuestras experiencias como autoras venezolanas establecidas en Europa.
En medio de la conversación tratamos el tema de por qué seguir publicando en el país.
Las razones que intercambiamos, variadas y extensas, las encuentro concentradas en las palabras que Luis Yslas  pronuncia como personaje en esta novela:

“—¿Adónde suelo ir con frecuencia en esta ciudad? A mis libros”.
Los libros permiten que las ciudades no sean derrotadas.
Siempre sostengo que la resistencia es la palabra.
Ver que en una situación tan ríspida como la que soporta Venezuela se sigue publicando me hace sentir esperanza.
Ver que a pesar del arrinconamiento, ver que a pesar del papel secuestrado, ver que a pesar de un bolívar que se devalúa a la velocidad de la luz, siguen naciendo editoriales, me hace pensar que seguimos.
Madera Fina, fundada por Rodrigo Blanco Calderón, Carlos Sandoval y Luis Yslas, inicia su viaje editorial publicando este hermoso libro de Méndez Guédez.
No se puede echar a andar de mejor manera.
Apostemos por la palabra siempre.
Respaldemos a quienes revuelven para contar historias, a quienes las fijan en papel y en otros soportes, a quienes las difunden, a quienes abren a diario sus librerías para ofrecernos las vidas infinitas que guardan los libros.
En Y recuerda que te espero se lee:
“Entre los pájaros y las estatuas siempre voy a preferir a los pájaros”.
En esa línea están todas las respuestas.
Amar la palabra, cuidar de ella, protegerla y protegernos en ella.

lenayau@gmail.com