• Caracas (Venezuela)

Lena Yau

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Lena Yau

Manifiesto País

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Un nacimiento y una muerte, y entre los dos, la belleza y la melancolía.
Albert Camus.

Hace un tiempo leí una novela juvenil de la que luego se hizo una película: La ladrona de libros de Markus Zusak.
En la historia la protagonista, una niña llamada Liesel, rescata un libro de la nieve y otro del fuego.
Los libros que salva están relacionados con la vida y con la muerte.
La ladrona de libros se aferra a ellos porque, aunque no sabe leer, intuye que son herramientas para aprehender el mundo.
Sabe que detrás de esas grafías que no descifra del todo, detrás de esos símbolos enmarañados, hay un ejercicio que es rebeldía, aliciente para no renunciar, alimento para el moribundo, persistencia más allá de la partida física, renacer.
Recordando aquella lectura regresé a la frase de Camus.
¿No son la belleza y la melancolía que contienen nuestras puntas una forma de país?
La belleza me lleva a una imagen: la lava.
La melancolía me lleva a otra: la nieve.
Nuestra geografía no gozaba de las dos manifestaciones extremas del aire y de la tierra hasta que Eugenio Montejo hizo que erupciones y nevadas fueran posibles en el trópico: escribió “Islandia” para acercar a nuestro mapa celliscas y coladas y para llenar aquella isla de sol y de palmeras.
Así que todo país es posible si lo escribimos o si dibujamos un mapa y hacemos dobleces para enriquecer y acercar geografías dispares.
Un país es, más que un lugar, un lunar de nacimiento.
El destino embozado de capricho.
La marca que nos habla.
Un lunar es la historia de innumerables generaciones concentrada en un punto del cuerpo.
Salta de un brazo a una pierna.
Esquiva al hijo para posarse en la nieta.
Pero siempre está allí para que no olvidemos de dónde venimos, a dónde vamos.
Un país que es un lunar es una razón para escribir porque la palabra crea, desviste, descifra, recompone, traduce, reinventa, dimensiona, desvía, devuelve.
Para pintar.
Para decir.
Acciones que pasan por la reflexión y la creación.
Lisbeth Salas, fotógrafa y editora venezolana, convocó a 64 escritores para que pincelaran Venezuela.
64 voces para decirnos, 64 trazos para expresarnos.
Letras e imágenes para un mapa abanico que nos desvele, que nos abane, que nos despliegue.
Una oportunidad para los que vivimos fuera de las fronteras de Venezuela y para los que permanecen dentro de ellas de regresar a un país que no conocíamos, que existía en nuestros dedos, que construimos entre todos.
De allí nace Manifiesto País:
País de ventanas para mirarnos a nosotros mismos.
Ventanas de sílabas para glosarnos.
Glosa para asirnos.
El futuro.
Lo que deseamos.
He aquí una invitación.
Vamos a mirarnos en Manifiesto País.
La sala Mendoza acoge esta exposición colectiva.
La inauguración es el 18 de mayo a las 11:00 de la mañana.
Agradezco por esta vía la invitación a formar parte de Manifiesto País: a Lisbeth Salas, a la Cámara Escrita, a la Sala Mendoza, al equipo del proyecto, a los escritores participantes.
Y quiero agradecer a todo aquel que se acerque a sumar a este manifiesto: mirar y leer es también pintar y escribir.
Seamos como los versos de Tomas Transtörmer: una línea de pájaros migratorios hecha de apretones de manos.