• Caracas (Venezuela)

Lena Yau

Al instante

Lena Yau

Isa

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

— ¡Tengo 25 años y no he hecho nada!

— ¿Cómo que no has hecho nada? Estás frente a una máquina de escribir. Sé paciente.

(De una conversación con Isa Dobles hace algunos años).


Las letras me han perseguido desde siempre.Y yo, tauro terca, me empeñé en evitarlas hasta que ellas, tercas también, me hicieron comprender que había un camino por escribir juntas.

Mi primer recuerdo de la negación fue una tarde a caballos. Tendría siete años. Pregunté cómo se llamaba un potro. Me contestaron “Canelo”.

Un niño dijo:

—¡Será Canela! ¡Canelo no existe!

Me apresuré a responder:

—¡Claro que sí! ¡Tú acabas de decir Canelo! ¡Si lo dices existe!

Los adultos que nos escuchaban estallaron en risas.

—¿Cómo te llamas?, me preguntó alguien.

—Lena, le dije.

—Lena, tú vas a ser escritora.

—¡No! Yo voy a estudiar derecho.

—Créeme. Vas a escribir.

Me enfadé muchísimo y me fui sin montar a Canelo.

Hay personas que nos anuncian el destino. Hay otras que tropezamos y nos cambian la vida. Personas que sin saber, involuntariamente, nos llenan de enseñanzas, de regalos.

Conocí a Isa Dobles, otra vez, por terca. De pequeña sentía fascinación por esa mujer menuda, rubia, de voz  misteriosa que aparecía en la pantalla. Aunque mi yo niña se veía de adulta vestida con un traje sastre impartiendo justicia, mi otro yo niña se encerraba en el baño para imitar la voz de la señora de la tele.

Esa niña vivía en dos aguas: compraba compulsivamente códigos y leyes orgánicas que jamás abría porque estaba muy ocupada leyendo Julio y Salvador Garmendia, a Miguel Otero Silva, a Ludovico Silva, a Hesnor Rivera, a José Rafael Muñoz, a Teresa de la Parra, a Antonieta Palacios, a Ida Gramcko, a MiyóVestriní. Y también a Kotepa Delgado, a Cuto Lamache, a Igor Delgado Senior, a Tecla Tofano, a Sonia Sgambatti, a Isa Dobles. Las letras y la comunicación siempre me rondaban. Cuando cumplí 18 años supe que Isa iba a dar una charla en el pedagógico de Maracay.

Un impulso me llevó a asistir, a esperarla en la salida, a saludarla, a conversar con ella.

Lo que se suponía iba a ser un encuentro de cinco minutos se convirtió en una charla de horas y luego en una relación laboral y de afecto de muchos años.

Isa me preguntó si quería acompañarla en un proyecto. Dije sí sin pensarlo. Ese proyecto se abrió en racimos. Primero fue un libro, luego llegaron unos guiones sobre la vida de Sucre, después dos programas de radio.

Isa, siempre inquieta, siempre preocupada por lo que ocurría en el país.

Un día se le ocurrió lanzarse al ruedo político.

- ¿Y si inscribo mi candidatura?

Otro le entusiasmó la idea de abrir su restaurante. Las estrellas siempre la complacían. Pasados los años descarté del todo estudiar derecho. Me había licenciado en letras y seguía huyendo de ellas.

En mi cabeza se había metido la idea de ser productora de radio y de televisión.Isa me miraba cuando le contaba mis planes y se reía.

- Hazte locutora y estudia el Master en Comunicación Social pero no dejes de escribir.

Me encantaba visitarla en su apartamento de Cumbres. Las molduras azules de ese hogar me daban tranquilidad. Me gustaba ver a Margot, su mamá, sentadita en el sofá. Tan mayor, tan frágil y tan arreglada siempre. El perrito dando saltos. Las visitas incesantes.

Una tarde vino Trina Araujo.  Qué delicia escucharla hablar de Orlando, de su escritura, de lo mucho que echaba de menos sus manías. Otra llegó Chelique Sarabia.

Yo temblaba de la emoción pensando que tenía delante de mí al autor de la canción con la que aprendí a tocar cuatro y tarareaba Ansiedad mentalmente mientras intentaba tomar el café sin que se me notaran los nervios.

O el día que entró Soledad Bravo, toda batola, sonrisa y voz. Isa me conectaba con una Venezuela que yo había visto de lejos, en los libros, en el periódico, en la radio, en los cuatros, las guitarras y las bandolinas de mi escuela de música en Chacao.

Una tarde le anuncié que me casaba. Me miró cálida y me contestó: tengo el regalo perfecto para ti.

Me casé, volví de la luna de miel, murió mi padre, hubo un cataclismo.

Isa me llamó.

- Supe. Ven a verme.

Conversamos la tarde largo. Agotada por el duelo me despedí.

- Espera.No te he dado tu regalo.

Lo acepté desganada y le di un abrazo. En casa guardé el paquete en un armario y lo olvidé. Meses después tropecé con la caja. Al rasgar el papel que lo envolvía me encontré una grabadora de periodista. Tenía un casette adentro. En la tarjeta se leía: Como verás, no es una licuadora. Dale al play, está a tiro. Obedecí.

La voz de Isa comenzó a sonar. Me habló de lo difíciles que son las pérdidas.
Me explicó lo mucho que enseñan los fracasos amorosos. Me contó de su padre, del padre de Aníbal, del fuego de una avioneta, de las llamas en un coche presidencial. Me dijo de la piel que se nos pone dura para seguir. Y me dio una última instrucción:

Hagas lo que hagas nunca dejes de escribir.