• Caracas (Venezuela)

Leandro Area

Al instante

Camaradas, compadres y compinches

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Aquellas figuras de caudillos latino americanos a caballo, o de capos mafiosos, o los propios espías típicos y ensombrerados de la guerra fría, ya que hasta me atrevo a incluir en este listado a los mismos rockeros, ya son niños de pecho, casi que representaciones románticas, comparadas con los representantes de la maldad contemporánea a los que no les tiembla el pulso y son osados en un mundo en el que prevalecen la inmunidad y la impunidad.

Aquellas imágenes ya borrosas han sido superadas por otras más dañinas y actuales: las del camarada, en su sentido laxo, engrasado, ya no estrictamente emparentado con la hermandad roja y comunista; la de compadre, bautismo de hermandad consentidor de vínculo de familia organizada y delincuente, narco, tramposa, corrupta y guerrillera; y la de compinche, que engloba, sintetiza y supera a las anteriores en lo que tiene de socio silencioso y coparticipe del mal que ayer era un pecado y hoy es un negocio multimillonario de dólares.

Ninguna de ellas ha sido tratada con la seriedad y urgencia requeridas y sus resultados expresados en diccionarios y manuales de enseñanza de la ciencia política contemporánea por ejemplo, y creo que ya es tiempo de sinceridad para superar el rubor academicista y darles el espacio y lugar que se merecen más aún cuando aquellos viejos baluartes de nuestro orgullo democrático caballeresco, el Estado y sus instituciones, el Derecho, los partidos políticos, los ciudadanos, los grupos de presión y de interés, los principios y los valores en suma y origen de todo lo anterior en fin, se desvanecen y dan paso a esta invasión sin cortapisas de personajes malignos de carne y hueso y prácticas corruptas autorizadas, a la vista de todos, casi que ejemplo de juventudes y demás, y que definen nuestros destinos colectivos, familiares y personales, ciudadanos e íntimos.

Pero como la ambición es cruel y voraz pero no tonta, propongamos una mirada tan solo sobre nuestro continente, nunca más ajeno que antes, pues no estamos ahora, como se ventilaba afirmar, en manos de los imperialismos clásicos (inglés, americano y soviético), sino de neo-imperialismos tropicales, locales o regionales, producto de alianzas, arreglos, compadrazgos y complicidades, todos compinches, entre camaradas o sus mantenidos disfraces, que se protegen unidos por variadas razones entre las que destacan el poder, el dinero, y la implantación de modelos de vida miserables a través de la droga de las ideologías o el paquete de comida limosnero a cambio de silencio que no es sino sumisión por miedo, interés, indiferencia o comparsa.

Parásitos todos estos nuevos actores requieren de pueblos faltos de libertad, es decir de educación, y a los que se les niegan  los derechos humanos, con gobiernos propiciadores y fundamentados en la violencia y la corrupción material y moral como utensilios y razón de ser para mantenerse a sus anchas en el poder como quizás nunca antes habíamos observado. Eso sí, a través de elecciones antes escupidas como burguesas. Socialismo del siglo veintiuno, en números romanos y todo, balsa de auxilio en la que los cubanos no la pensaron dos veces en treparse con la idea de crear un nuevo imperio, sustentado económicamente en la combinación de dos negocios privilegiados: petróleo y droga, dos vicios inseparables del capitalismo mundial y tan cercano.

A la cabeza de ese proyecto, ya más que eso, se encuentra el binomio cubano de los Pater familiae, Fidel-Raúl, mantenidos y amparados por y desde Venezuela representada en el otro dúo ahora dinámico y galáctico de Chávez y Maduro, y aplaudidos en su momento por otra cumparsita, la de los Kirchner argentinos, hijos imitantes de aquellos otros dos, Perón-Evita, siendo el cuarto de entre ellos que no el último, el de Lula-Roussef, tan venidos a menos, ambos, en estos últimos tiempos de elecciones e “impeachment

Después le siguen otros sacristanes, cómo no; Correa culipandeando en el malherido y doliente Ecuador de en estos días; Evo el boliviano entre la coca y las visitas al Papa o del Papa a él, que también tiene su proyecto de reinserción de los infieles. El binomio siguiente es el nicaragüense, el de la pareja de los Ortega, y por su parte, sin faltar su merced, la guerrilla colombiana montada en su propósito que pasa por los acuerdos de paz, tan habaneros ellos y made in Santos-Timochenko, para hacerse del poder en la hermana Colombia.

Pero hay que darse prisa para encontrar el remedio a tal epidemia porque ya se ve que hasta los que dicen aborrecer las prácticas populistas, asistencialistas y clientelistas de camaradas, compadres y compinches, comienzan a mostrar síntomas que invitan a pensar que se están divirtiendo de lo lindo también al imitarlos.

Por eso es que repito que hay que hacerlo y bien rápido, que por allí se observa además y subiendo un clamor de ciudadanía que viene desde Argentina y está pasando por Brasil. En Venezuela, que no se nos olvide, en diciembre le dimos un pitazo de calle a la perversidad que ya no escucho claro. Ojalá y no aterrice esa alegría por orden alfabético.