• Caracas (Venezuela)

Laura Tyson

Al instante

Laura Tyson

El mundo al revés del capital móvil

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Un creciente número de empresas estadounidenses están tratando de trasladar su sede legal al exterior mediante la adquisición o fusión con empresas extranjeras. En el caso más reciente, Medtronics ha manifestado sus intenciones de adquirir Covidien, una empresa irlandesa mucho más pequeña y escindida de la estadounidense Tyco, con el fin de trasladar su casa matriz a Irlanda, país que cobra impuestos más bajos, culminando así la mayor “inversión” o “redomiciliación” jamás realizada por una empresa de Estados Unidos. Se dice que Walgreens está considerando trasladar su sede al Reino Unido con la adquisición de las acciones públicas restantes de Alliance Boots, el gigante farmacéutico con sede en Suiza.

Este tipo de tratos refleja las profundas fallas en el sistema del impuestos corporativos de Estados Unidos, que tiene la tasa más alta de los países desarrollados y es el único país del G-7 que se aferra a un sistema tributario obsoleto en el que las ganancias en el extranjero obtenidas por empresas con sede en Estados Unidos deben pagar impuestos nacionales adicionales al ser repatriadas.

En contraste, el resto de países del G-7 ha adoptado sistemas “territoriales” que imponen poco o nada de impuestos nacionales sobre los ingresos repatriados de sus empresas globales. Esta diferencia pone a las multinacionales con sede en Estados Unidos en desventaja frente a sus competidores extranjeros en el exterior. Para compensar esto, las multinacionales estadounidenses aprovechan una opción de diferimiento que contempla la legislación tributaria estadounidense.

El aplazamiento les permite posponer (de manera potencialmente indefinida) el pago del impuesto corporativo estadounidense a sus ganancias en el extranjero hasta que sean repatriadas. No es de extrañar que, puesto que sus ganancias en el extranjero han crecido como porcentaje de los ingresos totales y las tasas de impuestos corporativos en otros países han caído en picada, se haya disparado la proporción de ganancias de las empresas estadounidenses obtenidas y mantenidas en el extranjero, llegando a superar hoy los 2 billones de dólares.

Así, el sistema de Estados Unidos implica costes importantes, ya que las empresas tienen más dinero en el extranjero, toman más préstamos para financiar las necesidades nacionales de efectivo e invierten más en el extranjero. Las ganancias diferidas se mantienen “fuera” de la economía estadounidense: el gobierno no recibe ingresos fiscales sobre ellas y no están disponibles directamente para el uso interno de las empresas estadounidenses, lo que socava su capacidad de competir con empresas extranjeras en la adquisición de otras compañías estadounidenses. También hace que invertir en empresas nacionales sea menos atractivo para los accionistas estadounidenses que hacerlo en sociedades extranjeras que pueden distribuir en Estados Unidos sus ganancias obtenidas en el exterior sin tener que pagar impuestos adicionales.

En general, el aplazamiento distorsiona los balances corporativos, e impone costos de eficiencia a las empresas estadounidenses calculados en 5%-7% de las ganancias diferidas. A medida que aumenta el nivel de estas, estos costos se acumulan, y trasladar la sede legal al extranjero a través de adquisiciones transfronterizas se convierte en un paso lógico para las compañías estadounidenses con un gran nivel de ganancias diferidas en el exterior. Empresas como Medtronics pueden utilizar en Estados Unidos las futuras ganancias en el extranjero teniendo que pagar poco o nada de impuestos por repatriación, lo que acaba por convertirse en un fuerte incentivo para redomiciliarse afuera, incluso para financiar sus inversiones en el propio Estados Unidos.

Sin duda, son consideraciones estratégicas más que fiscales lo que impulsa las fusiones y adquisiciones corporativas. Su aumento reciente, el mayor en siete años, es el resultado de la amplia disponibilidad de efectivo, unos sólidos balances, la financiación barata y el dinamismo de los mercados de valores. Pero las consideraciones fiscales desempeñan un papel importante en las decisiones de las empresas sobre cómo se financian las adquisiciones y dónde ha de tener su sede una entidad fusionada. El hecho de que haya grandes balances de ganancias en el extranjero disponibles para que muchas firmas estadounidenses financien sus adquisiciones en el exterior y la existencia de desventajas competitivas del sistema tributario corporativo estadounidense son factores que pesan en contra de que las entidades fusionadas ubiquen sus sedes en el país.

Aunque los funcionarios estadounidenses califiquen estas “inversiones” como antipatrióticas, son una respuesta que mejora la eficiencia ante las fallas del sistema tributario para las corporaciones. A medida que se deterioran las perspectivas de una reforma al respecto, las fusiones transfronterizas con redomiciliación se están convirtiendo en una opción atractiva para muchas de las compañías estadounidenses globales más competitivas. Y la presión para que otras empresas sigan su ejemplo crece a medida que se plantean más iniciativas de inversión.

Las leyes actuales permiten a las compañías estadounidenses trasladar su sede legal al exterior para fines fiscales al comprar una empresa extranjera más pequeña, siempre y cuando los accionistas de la sociedad adquirida acaben siendo dueños de al menos 20% de la compañía combinada. Para desalentar las inversiones a través de las fusiones y adquisiciones transfronterizas, la administración del presidente Barack Obama y varios miembros demócratas del Congreso han propuesto leyes que aumentan este porcentaje a, como mínimo, 50%.

Más aún, las empresas extranjeras resultantes de una fusión serían tratadas como una empresa estadounidense en términos fiscales (sin importar la propiedad de sus acciones), si sus funciones de gestión y control y una parte sustancial de su actividad económica (ventas, empleo o activos) se encuentran en Estados Unidos. Si se aprueba, la normativa aplicaría estas nuevas condiciones de manera retroactiva a las inversiones realizadas desde mayo de 2014.

Estas políticas no abordan las causas subyacentes de las inversiones, se sumarán a las ampliamente reconocidas distorsiones en el régimen fiscal corporativo, y probablemente tengan consecuencias negativas e indeseadas. Para cumplir con los nuevos y más estrictos requisitos de propiedad, las empresas estadounidenses podrían responder descomponiendo sus unidades de negocio en trozos más pequeños, reduciendo con ello su valor de mercado y el retorno a sus accionistas y trabajadores. Del mismo modo, para cumplir con las nuevas condiciones de gestión y control, podrían responder trasladando a lugares del extranjero una mayor cantidad de estas funciones, y los puestos de trabajo y la inversión (especialmente en investigación y desarrollo) asociados con ellas.

Asimismo, es más probable que las medidas propuestas contra la inversión hagan que las compañías estadounidenses sean el objeto, en lugar del comprador, de las fusiones y adquisiciones transfronterizas. La reforma a los impuestos corporativos debería hacer que Estados Unidos sea un lugar más atractivo para hacer negocios; amenazar a las corporaciones estadounidenses con normas más estrictas sobre fusiones y adquisiciones transfronterizas y una subida retroactiva de impuestos tendrá el efecto opuesto al deseado.

Estados Unidos debería aprender del ejemplo británico. En 2008, varias grandes empresas británicas amenazaron con redomiciliarse en Irlanda debido a su menor tasa de impuestos corporativos. El gobierno británico respondió reduciendo su tasa de 28% a 20% para 2015, introdujo un sistema fiscal territorial que exime de tributación interna las ganancias en el extranjero de las empresas con sede en el Reino Unido, promulgó una “caja de patentes” que aplica una tasa corporativa de 10% sobre los ingresos relacionados con patentes y adoptó un nuevo crédito fiscal por I+D de 10% no incremental y reembolsable. Hasta el momento, parece que estas innovaciones están haciendo que el Reino Unido se vuelva un foco de atracción de empresas, inversión, investigación y desarrollo, y empleo.

Es esencial que Estados Unidos adopte medidas atrevidas y sólidas para reformar el sistema de impuestos corporativos. Por desgracia, no es muy probable que eso ocurra en un Congreso profundamente dividido y en un año electoral.