• Caracas (Venezuela)

Laura Gil

Al instante

Con Venezuela o sin ella

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¿Qué haría usted si tiene un mal vecino y no puede vender su casa? No tendría usted más alternativas que las del gobierno colombiano: la denuncia del ofensor, el arreglo de su morada y la espera del reemplazo del inquilino nocivo.  La Cancillería avanza en lo que puede en el plano internacional. Pone en evidencia las violaciones de derechos humanos de Venezuela contra nacionales colombianos en cuanto foro multilateral esté disponible e informa de la crisis fronteriza en el marco de las relaciones bilaterales con Estados interesados.  Los sobrevuelos militares que violan la integridad territorial de Colombia constituyen una trampa. Colombia hace bien en resistir estas provocaciones. Maduro pretende escalar el conflicto para forzar la cumbre presidencial. Él quiere su foto con Santos y nada más.  La crisis humanitaria existe y el régimen chavista lo sabe. La votación en la OEA mostró que Venezuela ha perdido terreno. No es la primera vez que clausura el paso de la frontera. Pero esta vez el precio del gesto inamistoso se le disparó. Caracas no previó la salida masiva de colombianos por trochas y senderos.  Con Uribe vimos cómo el régimen de Chávez usó el comercio como arma política. Hoy, su sucesor usa la frontera como estrategia electoral. La responsabilidad de la crisis bilateral no es compartida. Solo el chavismo puede responder por el caos económico de Venezuela y los problemas de seguridad de la frontera requieren de iniciativa conjuntas. Hasta el mismísimo gobierno de Rafael Correa reconoce que Colombia resultó un buen socio en materia de seguridad. El cierre de la frontera podrá ser un acto hostil, pero sí es soberano, como lo recordó la canciller Holguín. La prioridad de Colombia no puede estar centrada en el estatus de una relación sujeta al antojo del vecino y de sus necesidades políticas, sino en nuestra respuesta como país ante el abandono de la frontera.