• Caracas (Venezuela)

Laura Gil

Al instante

Colombia y la OEA

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A veces, perder sí es ganar un poco. La sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos sirvió. Mostró que no hay que darle el portazo a la OEA, sino a Unasur.

La diplomacia no aguanta interpretaciones en blanco y negro. Colombia solicitó la convocatoria a una reunión de cancilleres, consiguió 17 votos y perdió por tan solo uno. El quiebre ideológico en las Américas ha perdido fuerza, pero persiste. La chequera de Venezuela contó en el pasado y ella estuvo al servicio del proyecto chavista. Un bloque no se construye solo con ideas, y los países están pagando sus deudas.

Aun así, el gobierno frenó el músculo de Venezuela en las Américas. Catorce meses atrás, el vecino país obtuvo veintitrés votos para impedir la intervención de María Corina Machado en el Consejo Permanente. “Me siento sola”, dijo Holguín, pero no lo está. La mitad de la OEA la respalda y Colombia ganó este apoyo con la fuerza de la argumentación.

Unasur reportó la postergación de su encuentro del 3 al 7 de septiembre. La canciller Delcy Rodríguez no dispone de espacio en su agenda. Hizo bien Holguín en plantear la posibilidad de no asistir. “No estamos contemplando el retiro de Unasur”, afirmó Holguín. La posibilidad de una denuncia del tratado de Unasur, tal como Venezuela hizo con la Convención Americana de Derechos Humanos, debe pesar como espada de Damocles sobre el organismo: Unasur sin Colombia pierde relevancia.

A Ernesto Samper la vida le dio una segunda oportunidad y la desperdició. Tomó partido por la causa venezolana; para él, “las deportaciones” solo “enrarecen el clima de opinión para luchar contra el paramilitarismo”. Le falló no solo a Colombia, sino también a las Américas.

Los problemas de la frontera son innegables, de vieja data, y requieren una respuesta binacional. Mientras tanto, debemos seguir haciendo lo que hicimos en la OEA pero más y mejor.