• Caracas (Venezuela)

Karl Krispin

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La ventaja de no tener equipo

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Venezuela debería estar en el Mundial pero gracias a los máximos empavadores ello no es así. La Vinotinto es un proyecto, una incoación que algún día se realizará pero para ello el PSUV debe irse a las duchas y no regresar para prórroga alguna. La alternabilidad facilita en las instituciones que el poder esté despersonalizado: no sé si este simple axioma lo entiendan Esquivel o Ramos Allup. El día que comenzó el campeonato estaba en una clase en la UCAB cuando se escuchó una sonora celebración de gol en el campus. Brasil anotó, pensé. No, se trataba de la fanaticada aupando al equipo de Croacia. Los hinchas venezolanos de Brasil son como el 4,30: casi no quedan y como no tenemos equipo decidimos más que nunca quién nos gusta y a quién apoyar.

Huelga decir, más allá de Schemel y ahora Capriles que habla de construir una mayoría cuando en abril de 2013 nos decía que la éramos, que la oposición venezolana es la más numerosa en nuestro país. Lo siento Tibi: es así. Los primeros que lo saben son los del desgobierno. Esa certeza se siente en todos los ambientes de Venezuela. El chavismo es una raya, hasta los enchufados se esconden y quieren pescuecear entre la oposición. Algunos topos lo han logrado. De modo que aquí decidimos nuestras simpatías de un tiempo para acá, quince años para ser exacto, muy motivados por la cuestión política. Por eso por Brasil nadie toca ni una vuvuzuela porque se nos acumulan Lula, Dilma y los hipócritas del Partido de los Trabajadores que llegaron a Venezuela a desplazar a las empresas venezolanas y a hacer su agosto aquí. La abjuración con Brasil vino ayudada por aquellas infelices declaraciones de uno de los jugadores brasileños, de cuyo nombre no quiero acordarme, ante la pregunta de un jubiloso periodista venezolano por el triunfo de la canarinha en Japón-Corea 2002 que celebró con que ahora el equipo pertenecía a toda Latinoamérica. El jogador no titubeó: respondió que representaba a Brasil y punto. La humillación recibida por el equipo anfitrión esta semana en las semifinales va a ser más profunda que el legendario Maracanazo. A Dilma Rousseff esto le cuesta la reelección. Tantos miles de millones gastados y protestados para que a tu equipo lo despidan con la mayor goleada de la historia.

Qué decir de Argentina y sus glorias del pasado. Antes nos engañaban con las Malvinas y ahora lo hacen con los bonos. En 1982 toda la América ingenua cayó por inocente ante los pucheros y el lloriqueo dizque soberano de una dictadura violadora de los derechos humanos. Hace una semana en la OEA esos mismos cándidos con diferentes corbatas salieron a celebrar la “cumparsita” de la Kirchner y su invento de los fondos buitres. El canciller de Ecuador habló de una fantasía que no puede ser sino el producto de haber ingerido unas chichas adulteradas. Dijo que Nueva York iba a perder su atractivo como ciudad financiera por el cobro de los bonos no reestructurados a los australes. ¿Cuál será la próxima comarca del dinero? ¿Iquitos? ¿Cochabamba? ¿San Pedro de Macorís? Los tenedores de bonos compraron un producto financiero avalado y ofrecido por la República Argentina que fijó las condiciones financieras y el domicilio legal para una eventual controversia. Que ese emisor quiera ser maula y no honre su palabra es otra cosa. Pero en el ínterin y antes del pitazo del partido, nos topamos con el Pelusa, el maletín de Antonini, Julio de Vido, la ayuda venezolana y el cuadro de Néstor que cuelga con melancolía en Miraflores. En el partido de semifinales un querido amigo me dijo: Viví cuatro felices años en el país de Borges y Bioy Casares pero hoy voy por los flamencos.

Al equipo de Colombia lo vemos como nuestro porque ese país por encima de las diferencias, la fragata Caldas, el mejor amigo y los golfos es de veras una república hermana y el que le tira a su familia se arruina. De allí que al predecesor le salieran tan mal sus pataleos anti-uribistas y la orden de mandar unas chatarras a la frontera. El colombiano hermano que vive entre nosotros, que ya es venezolano, no le agrada que se metan con su país. Nos gustas Costa Rica porque has sido amiga de Venezuela en las buenas y en las malas y si Panamá tuviese un equipo enarbolaríamos su bandera sin arriarla nunca. Y nos simpatiza Uruguay porque el Mujiquita de Montevideo, a pesar de socialista y admirar la “genialidad” del genocida de la isla, es un hombre honesto, que maneja su auto, vive con modestia en una chacra y es decente y sin mordidas: apenas un pellizquito en un hospital pero tienen buen queso y es barato, o era barato.

Las selecciones europeas tienen su clientela fija que crece en medio de la diáspora de unos fanáticos en busca de un equipo, dicho así pirandellianamente. Los equipos de España, Italia y Portugal se sienten en Venezuela como propios porque la migración de estos países instalada en Venezuela cambió toda la composición social, cultural y económica de nuestro país. Los del resto de Europa tienen sus seguidores más allá de sus colonias locales. Al fútbol inglés, alemán, holandés y francés se le admira. Los fanáticos venezolanos del Manchester, el Chelsea, el Bayern o el Ajax confirman que el fútbol es una religión universal. Deberíamos tenerle más cariño al equipo de Estados Unidos, un país categóricamente amigo de las luchas por la recuperación de las libertades en nuestro país. Unos dirán que se trata de deporte. Pero inevitablemente es también política, especialmente por la orfandad en que se encuentra nuestra selección. Es tal la manipulación de la política, por ello la afirmamos sin arrepentimiento, que en las transmisiones de RNV, la ex Radio Nacional de Venezuela, rifaban un teléfono inteligente al que contestara sobre cuándo Cuba había asistido a un mundial.

Lástima que sea cada cuatro años porque estamos de buen humor y olvidándonos de tanto ruido en la calle. Después del domingo 13 ya nos volveremos a encontrar con la realidad. Este campeonato ha sido de primera. Buen fútbol, muchos goles, mucho entusiasmo, grandes porteros y hermandad universal. Nunca dejaremos de cuestionar a los árbitros y la FIFA presidida por un hombre codicioso. Veremos qué pasa el domingo. El equipo que a mí me gusta está en la final y no es precisamente albiceleste.


@kkrispin