• Caracas (Venezuela)

Karl Krispin

Al instante

La tal tuteadera

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En las elecciones de 1973 que significaron el triunfo arrollador de Carlos Andrés Pérez, uno de sus amigos que luego formaría parte del gabinete, envió al entonces presidente electo un telegrama de felicitación y éxito al que remataba una frase final: “Última vez que te tuteo”. Dicen que las desavenencias entre Jorge Olavarría y el ya presidente Pérez comenzaron porque el periodista lo tuteaba y ello molestaba al jefe del Estado. Al presidente de la República no se le tutea, como tampoco se hace con nadie si no existe la confianza y la aceptación del caso. Pura teoría. Recuerdo uno de los Aló, Presidente, en que el presidente Chávez había nombrado a Felipe Pérez Martí ministro y este muy desenfadadamente lo tuteó públicamente, llamándolo Hugo no sé si por confianza, desconocimiento del protocolo o desorientación.

En el abismo que viene siendo nuestro país la grosería es un comodín recurrente de todas las clases sociales. Mujeres y hombres se denominan como homosexuales de una forma gozosa y salivar. La Academia Venezolana de la Lengua debiera comenzar una campaña por el buen hablar que no es otra cosa que la reivindicación del respeto. Y el respeto no es una obsesión de señoras nostálgicas del pasado sino la estipulación inicial de la civilidad. El filósofo español Javier Gomá reconociendo que la vulgaridad es la característica de nuestros tiempos, pide un nuevo contrato del individuo con la polis que pasa por la reforma de la vulgaridad para una resocialización del yo. Insisto, esto no es un predicamento de cavernarios sino el rescate a un hombre arrojado sobre lo peor de sí mismo.

He tenido alumnos que desconocen el significado del verbo tutear. Pasa que todo el mundo se tutea y a un recién egresado del bachillerato que parece más bien preescolar le parece muy natural que los profesores puedan mencionarse como a un empleado de una panadería a quien se le pide un cachito. Y dicho sea de paso a ese señor empleado se le trata de usted, obviamente. Una vez en el Colegio Humboldt, donde a los alumnos se nos ustedeaba, un compañero debía jugar un torneo de tenis en Montevideo para lo que solicitó un permiso  en la dirección de secundaria. Llegó indignado a contarnos en el recreo que el director lo había tuteado. “¿A cuenta de qué?”, se preguntaba. Paradójicamente, las distancias del usted guardan en su ser profundo un tremendo y fascinante respeto que el tú vuelve añicos. He tratado a mucha gente venerable y queridísima en mi vida, con quienes el usted me pareció siempre un espacio iniciático para la cercanía y el entendimiento.

@kkrispin