• Caracas (Venezuela)

Karl Krispin

Al instante

Tengo un malestar en el lenguaje

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En días pasados di con un libro que me urge recomendar. Así, de entrada: merece que se lo lea. Además, por el mayor número de lectores. No caeré en la especie desprestigiada de algunos mandarines que hablan de lecturas obligatorias. El énfasis y la imposición terminan haciendo que les saquemos el cuerpo. La lectura es placer y el hedonismo una elección, nunca una instrucción. El ejemplar que visité es una edición de 2002 pero la buena noticia es que Otero Editores la ha republicado y puesto a la orden de los interesados. Se trata de En torno al lenguaje de Rafael Cadenas. Hay ensayos con los cuales nos terminamos identificando tanto que pensamos que fueron escritos especialmente para nosotros. De allí que se insista en la salvación individual que nos procuran. Este trabajo eminente, esclarecido, de lo más jubiloso que podemos celebrar de nuestro poeta barquisimetano, se convierte en estos tiempos de ñoñería y vileza en una forma de sobrevivir a la destrucción de la sociedad.

No se piense que voy a listar el catálogo reciente de los depredadores y sus colmillos ensangrentados. No, la ruina de esta sociedad comenzó con el ataque, la mutilación, la depreciación, el morbo y el envilecimiento de su lenguaje. Los bárbaros se ceban en el idioma como primera medida de su afán demoledor. No solo está el empeño de promover una neolengua por parte de los tiranos para animalizar al pueblo, sino la impostura de derribar los términos y llegar al extravío de los significados. Esta técnica inaugurada por los nazis y bolcheviques ha tenido un eco supremo en sus imitadores de esta comarca. Cadenas, citando una sonora frase de Karl Kraus, repite con él que “toda depravación de la palabra permite reconocer la depravación del mundo”.  Las groserías, por ejemplo, el lenguaje soez, la vulgaridad tranversalizada en todas las capas de la sociedad, han creado una jerga enferma, incomunicativa y serial con la que actuamos como estériles y enajenados. Les repito a mis alumnos hasta el hartazgo que con una expresión infectada de tosquedad es imposible reconstruir un país cuya labor de profilaxia debe comenzar con el modo en que se habla. “El hombre es hechura del lenguaje”, afirma con sencillez y claridad nuestro poeta. Y la literatura, el remedio para derrotar el habla corrupta y desintegrada que nos rodea.

Todos comentan de política, de economía, de globalización, pero nadie se ocupa del lenguaje. Dime cómo hablas y te diré quién eres. Dime tú, Venezuela, cómo te expresas y te diré qué presente tienes y la clase de futuro que te aguarda.