Bananas
11 de mayo 2013 - 00:01
La prensa da cuenta en estos días de una reunión en Mongolia, la Cumbre de la Comunidad de las Democracias, a la cual nuestro país no fue invitado “por no reunir los estándares mínimos de un sistema democrático” según reza la nota aparecida en El Universal. Estábamos acostumbrados a llegar de 160 en los listados de competitividad económica, emprendimiento o libertad de empresa pero esta bofetada merece una reflexión y lo más dramático es que no nos han invitando desde 2007. Y no se trata de un cónclave de rotarios, jugadores de bowling o vendedoras de Avon. Esta convención se ha hecho con representantes de las cancillerías del mundo. Las horas que vivimos, en medio de la tensión de un resultado electoral impugnado, continúan transcurriendo con la sensación de que somos testigos de un oscuro capítulo de la historia republicana, sólo comparable con enero de 1848, los tiempos de la revolución Federal, el oprobio gomecista y los desdibujados días de la elección de 1952.
En estos momentos tenemos nuestra propia representación de Bananas pero al revés. La detención de un documentalista de Estados Unidos, Timothy Tracy, acusado de espionaje, terrorismo y demás aderezos de la Guerra Fría, da la sensación del libreto de un humorista o un peligroso cálculo político de insospechadas consecuencias. Circula una carta de apoyo al cineasta firmada por lo más representativo del cine nacional así como por un grupo de artistas e intelectuales no precisamente alentados por el Pentágono o la CIA. El presidente Obama ha calificado de ridícula la pretensión de que Tracy sea un agente a cargo de operaciones de injerencia. Lo que sí es raro es que gente como Oliver Stone, Sean Penn, Danny Glover y toda la alfombra roja del chavismo cinematográfico no haya abierto la boca frente a este atropello. No sé si nuestros jerarcas midan el efecto de sus actos pero detener a un cineasta es hacerle cosquillas a Hollywood que a lo mejor reirá la gracia pero no al estilo de la Villa del Cine. En las fotos que ha mostrado la prensa, Tim Tracy no tiene la barba de Woody en Bananas, que es impostada y se mueve de un lado a otro. La suya es real, en un país real. No vivimos en San Marcos aunque todo indique que nos estamos pareciendo. Liberar al señor Tracy y de paso a Antonio Rivero nos lleva a pensar que seguimos siendo sensatos y que hasta algún mínimo estándar democrático nos queda.

