• Caracas (Venezuela)

Karl Krispin

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¿Habrá colas en Marte?

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De las series de mayor emoción de la antigua TV, cuando no existían los programas de contenido tipo A de salud, sexo y violencia, era Perdidos en el espacio, la saga de la familia Robinson lanzada al inabarcable universo en el Júpiter 2 y creada por el genial Irwin Allen. La nave se había  desviado de su línea de navegación galáctica hacia Alfa Centauri a causa de la incursión del inefable polizón, el doctor Zachary Smith. Aun hoy en día ver aquellos capítulos es asomarse al vértigo que producía el extravío sideral. El hombre pronto asegurará otro hábitat planetario: alguno de esos lugares donde Smith, Will y el robot ensayaban a preparar crêpes suzettes mientras una legión de androides, peluches gigantes o unos cíclopes amenazantes impedían la merienda. El futuro que parecía tan lejano ha comenzado a acercarse. En cuestión de escaso tiempo, ya no serán los robots como el “Curiosity” que nos retraten la superficie marciana sino las misiones tripuladas desde Cabo Kennedy. La NASA ha hallado nuevas pruebas de agua líquida en Marte y donde hay agua hay vida. Con lo cual se abre una posibilidad de que el libreto de la ciencia ficción se convierta en un manual de instrucciones.

¿Cómo será la vida en otro planeta? ¿Cuáles serán las leyes, los hábitos, la noción de ciudadanía en una nueva locación espacial? Pues las nuestras, la de la triunfante sociedad occidental con su valor supremo: la libertad. En ese ensayo del porvenir haremos una extensión de las conquistas de nuestra civilización. Pero con el agregado deseable de no repetir la destrucción ambiental. Los países más contaminantes son China, Estados Unidos, Brasil, Indonesia, Japón, Rusia e India. Baste decir que en China, 70% de sus playas están contaminadas. Obviamente, el mundo éticamente capitalista es el que regula la preservación del medio ambiente. Los americanos tienen astronautas, los rusos cosmonautas y los chinos taikonautas. Como quiera que se llamen, estas naciones serán las responsables, cada una en su medida, de exportar la civilización al espacio. Lo que Neil Armstrong llamó el “paso gigante”.

Si algún día el hombre es capaz de instalarse en Marte, ¿traerá las miserias con las que se regodeó en la Tierra? Cuando el europeo descubrió América, pensó que podría mejorar su concepto de sociedad. En efecto lo hizo y ocurrió la primera globalización. Cuando Colón avistó lo que sería Venezuela, pensó ante el portentoso Orinoco que era uno de los ríos que conducían al paraíso y bautizó este territorio como Tierra de Gracia. ¿Será el planeta rojo un mejor domicilio para la vida humana o algún descerebrado lo retorcerá hasta crear desabastecimiento, colas e hiperinflación en el mundo del futuro?