• Caracas (Venezuela)

Karl Krispin

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Karl Krispin

Ni 11A ni 4F

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En estos días el respetado secretario de la MUD, Ramón Guillermo Aveledo, salió muy orondo de una de esas encerronas en Miraflores diciendo que esperaba que nunca más ocurriese un 11 de abril en Venezuela. Suscribo plenamente lo declarado por mi amigo el doctor Aveledo pero siento que sus palabras debieron haber sido completadas con que tampoco el país esperaba que se repitiese un 4 de febrero o un 27 de noviembre. El 11 de abril se produjo un golpe de Estado, lo he escrito anteriormente: nada más ridículo que aquella enjabonada jurídica del TSJ cuando habló de un vacío de poder y de que los militares estaban “preñados” de buenas intenciones. La última frase es por lo demás hasta pavosa y advierto que utilizarla puede producir incontrolables ataques de caspa. Más allá de que nos gustara o no el personaje, el presidente Chávez estaba ese día en su despacho y fue compelido violentamente a renunciar. No se puede confundir la legítima y sincera protesta que dio la sociedad civil ante un gobierno que mostraba sus pezuñas autoritarias que el golpe burdo de los chambones militares y del triste Carmona , el “fascista” Estanga como lo ha llamado este pésimo y horripilante gobierno, ya para quince años de bulla y destrucción. La ventaja para el chavismo que supuso el 11 de abril fue una inagotable y jactanciosa renta histórica con mayores reservas de explotación que las de la Faja del Orinoco. A los demócratas no nos gustan los golpes de Estado y menos que menos los militares mesiánicos y vende biblias. El poder militar debe estar subordinado al poder civil, como lo han resuelto todas nuestras constituciones desde 1811 hasta 1999. Por eso el país se equivocó de medio a medio votando por un exgolpista en el 98. Pongo el siguiente ejemplo: si usted vive en un edificio e irrumpe un grupo de violentos en la madrugada causando daños a su propiedad, es bastante inconcebible y hasta surrealista que usted y los habitantes de ese inmueble  vayan a elegir al cabecilla de los destrozos unos años después como jefe del condominio. 

Por ello la celebración de cualquier 4 de febrero constituye una apología del delito. ¿O es que hay golpes buenos y otros malos, Ramón Guillermo? Evidentemente no y entendemos tu gesto político al que sin embargo le faltó un matiz. Ahora que la palabra víctima ha sido legalmente enaltecida, ¿cuántas víctimas quedaron tendidas en nuestras calles con los intentos de golpe del 92? ¿Es que los muertos de la izquierda se les honra y recuerda y a los de la derecha se les olvida? Huelga decir que el término derecha lo utilizo por razones prácticas ya que absolutamente nadie se declara de derecha en esta comarca estatista. A quienes no nos asusta el término derecha, lo celebramos en razón del liberalismo y de pensar que el Estado debe mantener sus narices alejadas del caldo económico ya que cada vez que mete el cucharón en él lo empicha para siempre. Insisto: no hay mejor cosa que la derecha liberal y que todos nos convirtamos en burgueses. A los rojitos enchufados el término burgués en sus diversas acepciones: boliburgués, bolichico o boliviejo, les viene de gratis porque no se lo han sudado ni trabajado. La clase burguesa responsable de las grandes transformaciones en libertad de la sociedad moderna y occidental, no tiene parangón con el resto de la historia. La burguesía es la creadora del progreso para las grandes masas y transformó la humanidad en todos sus ámbitos desde Martín Lutero hasta Warren Buffet. En este sentido el señor Henry Ford ha sido más beneficioso para el planeta Tierra que el Mono Jojoy. O las pinturas del burgués Vermeer más creadoras de civilización que las burdas pinceladas del realismo socialista para el genocida Stalin.

Que la MUD reconozca que el 11A se produjo un golpe de Estado y que nadie desea que vuelva a pasar, debe ser un motivo de entendimiento para despolarizar el país para que también los rojos reconozcan que el 4 de febrero fue un atentado incalificable contra la democracia. Estoy seguro de que algún día, cuando las aguas hayan bajado y los venezolanos hayamos puesto a un lado tanto odio estéril, Caracas inaugurará un monumento al presidente Carlos Andrés Pérez que fue el único que quiso cambiar el paradigma económico y por ello fue crucificado.  Esto suena a herejía todavía para muchos venezolanos de la oposición. Aquí se demonizó al presidente Pérez porque le recordó a los venezolanos, y especialmente a los empresarios recostados cómodamente en el regazo del Estado que debíamos salir a competir y no tenerle miedo a la libertad. La auténtica libertad es creativa y sobre todo consciente de los deberes. Ser libres es ser responsables como me dijo una alumna en estos días. Quienes nos apuntamos en la fórmula liberal de la economía, sostenemos la necesidad de crear, de hacer, de construir antes de que recibir y regalar. De allí que el rocambolesco socialismo del siglo XXI y sus charadas guevaristas no pasen de ser una tomadura de pelo gestada por los atrapados en la historia.

Regresando al plano de los reconocimientos, el odio no es bueno para nadie, hay que abandonar la mención reiterada del “ellos” porque en este país se impone el “nosotros” con las diferencias del caso. El gesto de Aveledo contribuye a horizontalizar el trato, a enmaletar viejos prejuicios, sólo que le hizo falta la coda, la exacta precisión de que el pasado se reconstruye desde todos sus costados. Esa es la aclaratoria que debe estar en el ánimo de todo venezolano: no queremos un 4F y tampoco un 11A. Nunca más.