• Caracas (Venezuela)

Karl Krispin

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Payasos y malabaristas

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De los peores premios Nobel fue el de la paz a Obama. Comenzaba su gobierno y no lo merecía entonces ni lo mereció después. A Henry Kissinger se lo dieron: un cinismo luego de saberse que retardó ex profeso los diálogos de paz en París. A su contraparte vietnamita, Le Duc Tho, también se lo otorgaron y tuvo la honestidad de rechazarlo. Los jefes de Estado son responsables de una maquinaria en la que la guerra es una dolorosa realidad. ¿Qué habrían pensado Julio César, Napoleón o von Clausewitz de un premio de la paz? Al pacifista Obama le debemos el surgimiento del Estado Islámico en su torpeza de armar yihadistas para derrocar al tirano al-Asad. ¿Cómo equilibrar el Cercano y Medio Oriente con tantas torpezas? Las comenzó Bush hijo inventándole al sátrapa y exsocio Sadam que escondía armas químicas en sus palacios. Incendiaron Irak y no hallaron los triquitraques. La paz comienza con la verdad y empatía con el enemigo siguiendo al nada pacifista de Robert McNamara quien lo dijo en su retiro cuando ya no lo rodeaban los Ph. D. de la CIA y el Pentágono.

Gobernar Estados Unidos no es nada fácil y cada vez más desalentador. Obama se va con el rabo entre las piernas: deja un país peor que el que recibió, muy poco imperial por cierto, endeudadísimo y al borde de la quiebra. Lo único relevante ha sido el Obamacare. Lo más inútil, el deshielo con Cuba, una dictadura de parásitos extraviada en el recuerdo de la guerra fría. Ni siquiera ha cumplido su promesa de cerrar el oprobioso Guantánamo. Para sucederlo, hay muchos candidatos de escaso peso. El peor escenario es el de los republicanos donde un payaso llamado Donald Trump lidera las encuestas. Este hazmerreír no ha entendido que en el mundo todos somos migrantes y que los hispanos en los Estados Unidos, que representan 18% de la población, son un sostén irrenunciable de la economía. El traficante de misses pide deportaciones masivas y levantar un muro ante México. Históricamente los mexicanos lo que han hecho es volver a un territorio arrebatado. Un embajador de México en Estados Unidos refiriéndose a este expolio decimonónico, comentaba: “No importa, en el siglo XXI nos lo devolverán, eso sí, con las calles pavimentadas”.

Las otras posibilidades son la políticamente correcta señora Clinton, una utilerista del marketing post-industrial a quien le quedó grande la Secretaría de Estado. No queremos otro Bush: Jeb bien podría ser asesor del CNE. Es un experto en números de última hora. Marco Rubio es un lactante políticamente hablando. La esperanza reside en el vicepresidente Biden. Ojalá pueda salvar el número del circo. Retiren a los payasos y malabaristas por favor.