• Caracas (Venezuela)

Karl Krispin

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Delirios nominales, ilusiones ópticas

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Mis amigos dicen que cuando se restablezca la señal de ANTV, será más vista que Fox o HBO. Estamos esperando que los depredadores que la canibalizaron devuelvan sus equipos. Tendrán que hacerlo porque ahora impera la ley –expresión de la voluntad general– y sobre todo manifestación de la Venezuela democrática y serena que se cansó de los desmanes del chavismo, su destrucción, su culto a la personalidad, sus delirios nominales y sus ilusiones ópticas. Los delirios nominales son el latiguillo de la  revolución, el socialismo piche, el cambio de nombre a las instituciones y la neolengua característica del fascismo eterno. Claro, es impropio llamar fascistas a quienes se bautizan como bolcheviques en el mar de la felicidad habanera aunque sus métodos se hermanen (Líder, violencia y pensamiento únicos). Tampoco cabe mencionarlos por su nombre sobrevenido de socialistas ya que desconocen su teoría que no su daño. No me imagino a Pérez Abad cargando con las 2.500 páginas de El capital para leerlas en La Orchila ahora que es ministro. Tampoco a doña Cilia que debe ser lectora de Vogue y Marie Claire a juzgar por sus modelos de Chanel. Lo más certero es pensar que el régimen que poco a poco se desdibuja no ha sido más que un bochinche despótico y cruel.

Mucha razón tuvo nuestro presidente de la AN Ramos Allup en recordarle a la Fuerza Armada Nacional que ese era su nombre, denominación de origen que se olvida con frecuencia y que se lee muy clarito en su partida de nacimiento que es la Constitución de 1999. Son también equivocados los minpopos jalonados como ministerios del poder popular que no tienen presencia en la carta magna. No aparecen ni las comunas ni las milicias al contrario de mercado que sí está. Los delirios nominales aunque se cuelen en decretos y gacetas son de nulidad absoluta porque coliden con el texto constitucional.  Las ilusiones ópticas han sido muchas: no solo colocarle un nuevo rostro al padre de la patria sino divisar que Venezuela se convertiría en potencia, el oleoducto del sur o las múltiples quimeras invocadas por el demoledor Giordani, verdadero agente naranja del sector privado. Recuerdo aquella cadena en que se vislumbraban épocas de plata y de oro. Los delirios nominales continúan con la guerra económica y otra ilusión óptica es prever que un sociólogo que desprecia los capitales empresariales pueda reducir la inflación, equilibrar el bolívar o impulsar la productividad.

El decreto de emergencia económica es una cantinflada que no puede ser aprobado porque parte de un diagnóstico falaz y habilita un cheque en blanco totalitario. Pobre Mario Moreno, pensar que habría sido un tremendo ministro de economía en estos tiempos de espejismos.