• Caracas (Venezuela)

Karl Krispin

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Chanel entre tiranías

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Gabrielle Chanel creó una casa de modas que revolucionó la alta costura mundial. Nacida en un orfanato, de la unión de un vendedor y una campesina, fue criada y educada por las monjas del Santo Corazón de María quienes al momento de su nacimiento le agregaron un segundo nombre, Bonheur, que significa felicidad. El nombre tiene la fuerza de definir a quien lo lleva. La dicha la acompañó en su carrera hasta durante la ocupación alemana en Francia. Coco vivía entonces en el hotel Ritz, protegida por la Abwehr y compartía sus sábanas con un oficial de la inteligencia alemana. En dos platos, madame Chanel era una colaboracionista de la tiranía nazi. Después de la guerra no le raparon el pelo como hicieron con las traidoras. Cocó marchó a Suiza donde vivió hasta 1954, año en que regresa a Francia para refundar su imperio y disfrutar de la fama que correspondía a una de las mujeres más influyentes del siglo XX según la estimó la revista Life. Sus fragancias y confecciones siguen siendo paradigmáticas así como la publicidad de sus clientes. Entre ellos, Marilyn Monroe quien ante la pregunta de qué llevaba puesto cuando dormía respondió adorablemente que “sólo unas gotas de Chanel No. 5”.

Chanel da un nuevo paso en falso tan grave como el celestinazgo que tuvo su feliz fundadora con los nazis, a quien sirvió de agente. Y esta descomunal equivocación no es otra que el desfile de modas realizado en Cuba el pasado 3 de mayo para la presentación de su colección Crucero 2016/17. “La apertura de Cuba al mundo la convierten en una fuente de inspiración para Karl Lagerfeld y para Chanel", manifestó la firma de la rue Cambon en un comunicado. No hay tal apertura y tampoco inspiración. Cuba es una tiranía violadora de los derechos humanos y los presos políticos que se pudren en sus cárceles dan cuenta de ello. Ahora ser castrista es hasta chic según Tilda Swinton y Giselle Bündchen, dos de las modelos que lucieron sus boinas proletarias adornadas con el logotipo de la marca.

La primera indignidad la cometió Obama en ese rocambolesco e inútil viaje que no trajo nada porque a los pocos días el dictador Raúl Castro le recordó a los suyos que el enemigo seguía siendo el capitalismo y que el sistema continuaba blindado a los cambios. A Karl Lagerfeld tampoco le afeitarán las canas y ni siquiera le cortarán la coleta por colaboracionista. La izquierda continúa teniendo amigos a montón. Quizá reciba una tarjeta de felicitación del sátrapa y hasta una caja de habanos que el diseñador se cuidará de no fumar en la Francia libre porque es políticamente incorrecto.