• Caracas (Venezuela)

Karl Krispin

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Camino hay de sobra

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El domingo 7 de octubre fue una jornada de diversas consecuencias. La unidad democrática no concluyó vencedora pero resultó triunfadora. Los millones de votos que se aglutinaron alrededor de ese gallardo y extraordinario candidato que fue Henrique Capriles hablan de la cohesión y crecimiento de un movimiento indetenible. Estos números hay que cuidarlos y procurar que no caigan en la diáspora.

Lo que tantas veces se mencionó de la lucha entre David y Goliat, jamás fue tan certero. Nos enfrentamos a un Gobierno que recurrió a todo su poder leviatanesco, a su astuta presión, al uso inconstitucional e ilegal de la red de comunicación del Estado y a la no menos coerción a los funcionarios públicos de acompañar al candidato-presidente a sus actos proselitistas. Abusaron de modo continuo e inaceptable. El CNE por su parte se hizo muy de la vista gorda frente a todas las piezas publicitarias dizque institucionales y las groseras cadenas. A pesar de ello, el resultado de la unidad democrática traduce que 45% del país se distancia con hidalguía de las imposiciones del “ogro filantrópico” como un bloque sin fracturas.
 
Ante la derrota, queda sólo levantarse y no dejar que te diga derrotado porque en política se trata de esto. Quien crea en la inmediatez y no en el trabajo de fondo, que se dedique a la floristería o a la numismática. No creo como dicen algunos que aquí se cometió fraude. Esa es la vía más cómoda para no entender lo que pasó. Hubo un descarado ventajismo. La clase política debe continuar su trabajo de convencer a nuestros compatriotas que votaron por una opción distinta. Además de la necesaria reconciliación entre los venezolanos, hay que desarrollar una empatía con el votante oficialista. Conocer sus apremios. Reconocer que su voto ha sido tan válido como el nuestro y viceversa. Sólo así sabremos dibujar un mapa de sus necesidades y ofrecerle una opción que supere el restrictivo socialismo. Pero para ello nadie puede entregarse a la holganza o la decepción. El desánimo no figura en el vocabulario del porvenir. A Henrique lo dejaron solo. Hubiese sido bueno verlo acompañado por toda la dirigencia política opositora del país en bloque.

Muchos pavos rellenos siguen creyendo que dando unas “declaraciones contundentes” en Globovisión o tecleando 140 caracteres en el Twitter están contribuyendo con algo. El país se dio cuenta de quiénes estaban y quiénes no. No diré nombres porque necesitamos de la suma y no de la resta. Hay que exigir un nuevo CNE representativo de la pluralidad. La MUD debe pedir la definitiva depuración del Registro Electoral, la eliminación de ese inútil cacharro que son las captahuellas y de la estación de verificación que lo que hizo fue retrasar el proceso. Allí se falló porque no se listaron esas condiciones al CNE. Y respecto a ese mecanismo llamado maquinaria, hay que perfeccionar el engranaje de la nuestra para que no nos sigan caribeando.

El ganador ha prometido unidad nacional. Ojalá sea cierto y comprenda que la democracia no es la voz tronante de los vencedores sino el respeto y la inclusión de todos en el cumplimiento de los predicados constitucionales. A Capriles le sobra futuro político: algún día, no cabe duda, será presidente de Venezuela. Se ha convertido en el líder natural de la oposición y cosechará la simiente que dejó sembrada en el recorrido epopéyico y adverso que realizó. Para él mis respetos así como para ese venezolano insigne que se llama Ramón Guillermo Aveledo. El 8 amanecimos como el personaje de Deconstructing Harry de Woody Allen: con la cara fuera de foco. Con la fuerza del abatimiento y su lección convocaremos nuevos ánimos para seguir. Para ganar hay que aprender del fracaso. Camino hay de sobra, con todos en su andar, como decía el poeta.