• Caracas (Venezuela)

Julio E. Muñoz

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Un fin de año negativo para la libertad de expresión

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El balance en este 2015 no es muy alentador para la libertad de expresión. Los gobiernos, en aras de la seguridad nacional, están legislando para establecer férreos controles sobre el flujo de la información.

En estos momentos, en Estados Unidos, a través de la NSA, se está controlando todo el tráfico de datos que se produce en el mundo digital. Si bien, a priori, no identifica a personas concretas, analizan la información para buscar pautas en los mensajes que se están transmitiendo, lo que supone un atentado contra la privacidad de las comunicaciones entre las personas.

Y esta realidad sirve de escudo para otros gobiernos, infinitamente menos democráticos en el hemisferio, como ocurrió hace pocos días con la aprobación de una enmienda constitucional en Ecuador, que convierte la comunicación en un servicio público, el cual se prestará a través de medios públicos, privados y comunitarios. Esto significa que la información cumplirá exactamente los mismos objetivos que los servicios estratégicos de electricidad, agua potable o salud pública, que son regulados por el Estado; pero, en el caso más extremo, se podrá transformar en restricciones y controles a la prensa.

¿Por qué existe este interés en controlar el flujo de la información?

La opinión pública está sometida por los gobiernos opresores de turno, que les intenta tapar los ojos, la boca y los oídos para impedir el derecho fundamental a la información, que es deber otorgar y jamás condicionar, ya que es un todo para la vida. Un individuo sin ella no puede desarrollar su experiencia vital y ser libre en sus decisiones.

A mediados de los años cincuenta del pasado siglo XX, en Estados Unidos, Siebert, Peterson y Schramm publicaron el libro Cuatro teorías de la prensa, que se convirtió en un clásico para entender el funcionamiento del periodismo en los distintos regímenes políticos. Y cuyo mensaje más importante es que el modelo de periodismo de un país es un reflejo de su sistema de gobierno.

Cabe destacar que las cuatro teorías fueron muy criticadas, ante la supuesta visión eurocéntrica que los autores tenían del mundo y su indiferencia por los países en desarrollo; sin embargo, nos da un buen marco de referencia para conocer por qué se establecen distintos sistemas para controlar el flujo de información dentro de las sociedades.

Al final el objetivo es la censura, que es una muy mala noticia y que llega otra vez a un fin de año como parte central de la agenda cotidiana. Ojalá los renovados aires de cambio, que se observan en varios países, traigan mejores nuevas en el año que se avecina y que, de una vez por todas, haya respeto para la libertad de expresión, la cual, como bien dijo Alejandro Miró Quesada Garland, es el tronco central del inmenso árbol donde nacen todas las libertades y sin la cual los principios de la democracia y la libertad sencillamente no pueden existir.

 

*Profesor visitante en Libertad de Expresión en el College of Law de American University, en Washington, DC.