• Caracas (Venezuela)

Julio Bolívar

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Los dueños de las palabras

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“A la larga los que configuran el mundo son los dueños de la palabra”, dice el novelista español Javier Cercas, en declaraciones recientes (El Nacional, 8-10-2015). Y agrega que los políticos se encargan del día a día, de cambiar alguna ley. La primera afirmación estaba referida al poder que tienen las palabras y la responsabilidad de los poetas y de los escritores. Seguramente los buenos escritores, los que te revelan un punto de verdad sobre nuestras vidas. Su frase, más o menos obvia, siempre se ha repetido: las palabras tienen poder. Puede ser de Perogrullo repetir esto, pero nada existe si no se pronuncia, si no se escribe, si no existe una enunciación.

Curiosamente, en otra noticia del mismo día se lee el titular de que a Leopoldo López lo condenaron por usar “el arte de la palabra”. No solo usó la palabra la famosa y malhadada jueza S. Barreiros, para condenar a López, también cayeron cuatro estudiantes en su flamígera condena escrita. Su argumento central fue “la propuesta de cambio de gobierno formulada por el dirigente de oposición era inconstitucional”, además de no usar medios apropiados, sino “el arte de la palabra”. ¿Qué otro medio podía usar? Para completar su sentencia reza que “no estaban dadas las condiciones”. Casi una típica lectura de un crítico marxista para determinar “las condiciones de un acto político”. Puede que tenga razón en este último argumento la jueza. Finalmente podemos decir que estos presos son presos políticos y están presos por un acto lingüístico en contra de otro acto lingüístico formulado por el poder. Nada de atentados ni tomas incendiarias del palacio ni golpes de Estado. Nada concreto, solo palabras. Fue un llamado, como aquellos del presidente Chávez a freír cabezas de adecos. Nadie lo condenó por usar el poder de las palabras.

Para información de la jueza podemos decirle que nada se hace sin palabras, con ese arte que heredamos de nuestros padres y ancestros. También, que pedir que un presidente o un tirano abandone el poder es tan legítimo como libre de expresarlo con palabras. Si en esto hay delito no hay Constitución. Si las condiciones no están dadas, no las determina ningún juez, es el político el que decide su momento. Puede que López esté equivocado con respecto a su método, pero es su derecho y el derecho de cada venezolano, y el de cada ciudadano en el mundo. Que suceda es otra cosa.

Nada descaminado está el escritor español Cercas a propósito de la manera de enfocar la realidad. Él demuestra con sus novelas que la realidad es más dura que la ficción por eso inventamos, creamos mentiras que parecen verdades. Por eso sus novelas parecen reportajes o crónicas (El móvil, Soldados de Salamina, Anatomía de un instante, El impostor). La jueza tampoco, ella sabe que la palabra crea ficciones. Chávez se pasó su tiempo en la vida política creando ficciones que nos trajeron a este despertar al borde de un precipicio económico y de un país desolado, haciendo colas y comprando lo que se le ordena.

Días atrás, escuché, como todos los días mientras armo el desayuno del día y tomo mi segunda taza de café, al periodista César Miguel Rondón narrar una historia personal sobre su origen y la historia de sus padres en este ir y venir de dictaduras. Quedé sorprendido con el tono de aquel editorial que acostumbra leer el locutor a  las 7:00 en punto. No sabía de la amonestación que le había impuesto Conatel por no hablar, es decir, por no usar el poder de la palabra para defender al país, bueno, mejor dicho, al gobierno, de unas críticas que libremente hacía un alcalde de Colombia, ahora no recuerdo de qué ciudad ni su nombre, no importa, lo relevante eran los argumentos, que podíamos o no compartir. Observando estas dos situaciones en las que condenan a unos por usar las palabras para manifestar sus diferencias con un sistema, y a otros por no hablar, se puede llegar a una conclusión: si hablas te condeno y si no me defiendes también. Yo había escuchado la entrevista con el político colombiano y tampoco tenía nada qué decir, él solamente opinaba. Imagino que Rondón solamente ejerció su papel de periodista, no de defensor de un sistema y sus políticas que por demás no comparte. Lo conmovedor de aquella confesión, tan dolorosa para César Miguel, como le dicen confianzudamente sus invitados, nos sirvió, a mí en lo personal, para sentir privadamente más orgullo de ser lo que somos: venezolanos que hemos luchado históricamente contra cualquier modelo de dictadura.

“Los poetas son peligrosísimos”, reitera Cercas, por eso Platón los expulsa de la república. Los poetas son libres, así como los niños y los ebrios que no tienen inhibición de ninguna clase. Ya sabemos, a los que hablan los expulsan los dogmáticos que obedecen, nada de partidos con críticos que hacen crítica, son las palabras las que tienen poder, no dejemos de hablar, o mejor dicho de escribir.