• Caracas (Venezuela)

Juan Marcos Colmenares

Al instante

La quiebra moral de un país

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Hay que erradicar la represión salvaje de todo intento de la ciudadanía por afirmar su derecho a la libertad, el continuismo como norma de gobierno y el peculado como sistema de administración”. (Rómulo Betancourt al regresar del exilio en 1936 - Diario La Esfera).

 

El título de este artículo corresponde al del libro de la profesora Isabel Pereira que aquí trataremos de comentar; y lo iniciamos con una frase pronunciada por Rómulo Betancourt, hace casi ochenta años, que nos demuestra que en Venezuela o no hemos avanzado en estos últimos años o estamos retrocediendo, cuando el resto de los países del hemisferio avanzan.

En su ensayo la profesora Pereira nos guía por la Venezuela contemporánea para analizar nuestra situación política, económica y social; conectando el presente con el pasado e invitándonos a asomarnos al futuro para buscar una salida. Su propósito es demostrar el agotamiento del contrato social establecido por Rómulo Betancourt en 1958, basado en el Pacto de Puntofijo. Pero sin negar la fortaleza moral de los líderes que forjaron ese pacto, considerado por nosotros como la decisión política y moralmente más constructiva de toda nuestra historia.

Ese “Estado betancuriano” surgió como una propuesta civil frente a los muchos gobiernos militares que habían monopolizado el poder desde la independencia, y fue el acuerdo social que permitió la fundación de la democracia y la construcción del país moderno. Allí el Estado como institución fundamental concentraba todo el poder y los recursos financieros; y los grupos que accedían al gobierno se convertían en los propietarios, manejando y redistribuyendo sus recursos entre la población.

Desde 1958 hasta 1998, vivimos la etapa más larga de civilidad, pluralidad y estabilidad política de nuestra historia. Creíamos haber superado el militarismo, el caudillismo y el populismo e iniciamos un proceso importante de descentralización. Pero el grupo que se instaló en el poder en 1999, se adueñó del país, lo saqueó y convirtió los recursos públicos en instrumentos de coacción, soborno y compra de votos. Destruyó las instituciones, la autonomía de los poderes públicos, los avances logrados en el proceso de descentralización, la democracia e instaló el comunismo. Es desde ese momento cuando se hace más evidente la quiebra moral, debido a un modelo que se agotó.

En el ensayo también se analiza el problema de la pobreza y para superarla se recomienda impulsar una poderosa clase media, valorando el desarrollo humano y el derecho a construir propiedad: ¿capitalismo popular? ¿Un país de propietarios?

Finalmente propone la necesidad de fundar un “capitalismo humanista” y un nuevo contrato social, que iniciaría un proceso de transferencia del poder desde el Estado al ciudadano. Creemos que en esa dirección marchábamos, porque era lo programado por Carlos Blanco desde la Copre y el Ministerio para la Reforma del Estado: La descentralización y el Pacto para la Reforma, como procesos antitotalitarios que proponían transferir poder a los ciudadanos y comenzaría a establecer límites al ejercicio de los poderes públicos. Pero esos planes fueron truncados por el absurdo proceso contra CAP, que terminó en su defenestración y que originó todos los males que hoy sufrimos en Venezuela.

Aquí y en unas pocas plumadas, tratamos de resumir ese importante y acucioso trabajo de la profesora Isabel Pereira Pizani. Exhortamos a nuestros líderes políticos emergentes para que sea estudiado y analizado con profundidad, porque puede ser la llave maestra para lograr la salida, en paz y en democracia. Y esperamos que, cuando se juzgue a este régimen populista y militarista, digamos que fue el catastrófico final de un período que todos deseábamos superar.

 

*Abogado

jmcolmenares@gmail.com

Miembro de Vente Venezuela